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lunes, 6 de junio de 2011

Sueldo bruto

Cuando estaba en el colegio solía pensar que el día que trabaje me gastaría todo en ropa. Ok, uno va encontrando otros gastos en el camino de la independencia económica, pero mi deseo era hacer mierda (si, si, en esos términos) el primer sueldo en el shopping.

El día que cobré mis primeros pesos lleve de compras a mis viejos y compre un par de zapatillas a cada uno. Listo, fin del sueldo. Y a ese sueldo le siguieron otros que, por cuestiones de ajustes económicos de este puto país, tuve que depositar enteramente en mi hogar con el mero fin de intentar llegar dignamente a fin de mes.

Mis primeros trabajos eran mal remunerados, en negro y duraban cerca de dos meses cada uno. Así estuve un año y medio, contando monedas y guardando cada peso que veía. Pensaba, hoy tengo trabajo, mañana no se. Entonces mejor hago un mini back up para pagar la facu, o al menos los apuntes, entregas y/o materiales…

Cuando encontré cierta estabilidad la situación económica en mi casa era crítica y a mi caprichoso cuerpo se le había ocurrido engordar 10 kilos de un momento a otro. Qué tendrá eso que ver? Tiene. No me entraba la ropa y no tenía con qué comprar prendas nuevas.

En su momento me angustiaba la situación, pero no estaba desesperada. Hoy miro para atrás y me enorgullece ver a esa Ela de 20 o 21 años afrontar esa situación tan adultamente.

Con el correr del tiempo mi cuerpo y mi sueldo se acomodaron. Bajé esos kilos y subió mi sueldo. Y en casa las cosas estuvieron mejor, al menos el agua bajo del cuello a los hombros... En ese entonces calculaba mis gastos al inicio del mes y separaba una parte considerable del sueldo para cumplir el sueño del coche propio. En el camino mi sueño se modificó. Sentí la imperiosa necesidad de independizarme por completo e irme del hogar paterno. Y lo hice.

Pasé dos meses sumamente ajustada y privada de todo tipo de lujos hasta que Charly y yo decidimos que era tiempo de compartir nuestras vidas y se mudó conmigo. Dos semanas después me despidieron del trabajo.

Ahora que lo pongo en palabras y trazo una línea de tiempo me doy cuenta que el dinero nunca me alcanzó y nunca pude hacer un gasto desprovisto de preocupaciones. Es un tanto frustrante…

Al insertarme nuevamente en el ámbito laboral era hora de ponerse al día con algunos gastos atrasados y eso nos llevó algunos meses. Sin embargo, en el medio cobré mi arreglo indemnizatorio por el despido y sin pensarlo demasiado lo transformé en cuatro ruedas.

Sueldo digno no tuve nunca y menos que menos ahora. Ni pienso en plasmar aquí el importe exacto de mi recibo de sueldo porque sentirían lastima y si hay un sentimiento que detesto es ese, al menos para conmigo.

Hoy, mientras busco nuevos rumbos, me sigo bajando los pantalones. Y sin embargo, siendo mis pretensiones tan bajas, no se abren nuevas puertas…

Ya no pienso en gastarme un sueldo entero en ropa. Eso forma parte de una etapa de la vida, que a pesar de haberla pasado sin cumplir con ese deseo, la pude superar y no me trajo mayores traumas. Ahora solo deseo que un día podamos ir a cenar a fuera sin pensar previamente si ese mes tenemos o no vencimientos de servicios.

Deseo que de vez en cuando mi sueldo no sea tan bruto, vaya al colegio, se eduque y sea un buen sueldo, o al menos uno digno. Y pueda, de vez en cuando, sentirme orgullosa de él.



[Pido perdón por lo borrada que estuve y no puedo prometer remediar la situación todavía. Mi tiempo lo ocuparon algunas urgencias que ni pude relatarles. Sepan que los extrañé y ahora tendré que buscar los momentos para ponerme al día con uds. Gracias por la paciencia]

martes, 21 de diciembre de 2010

Hoy lo amo más a él

Decidí que era hora de incluirlo en mi vida, de traerlo a casa. Que sin él la cosa ya no iba más. Charly y yo lo necesitábamos para vivir mejor, para hacer más llevaderos nuestros días.
Pero debo reconocer que él no estaba muy convencido de incluirlo en nuestras vidas. Fui yo la que insistió, movida por un deseo profundo que se convirtió en necesidad. O viceversa, no lo se.
A sabiendas de mi egoísta decisión, seduje a Charly con la idea. Hablé de los beneficios y dejé de lado las contras. Él terminó convenciéndose de que tenía razón y accedió.
Si dijera que en todo este tiempo nunca nos arrepentimos mentiría. Si, hubieron veces en que creímos haber cometido un error. Pero también hubieron días terribles en donde su presencia fue maravillosa. Días en que lo amé más que a Charly. Tengo plena certeza que en esos momentos Charly también lo amó más que a mi.
Hoy es uno de esos días. Cuando afuera la temperatura marca 35 grados en ascenso yo estoy fresquita como una lechuga bajo el aire acondicionado. Hoy es uno de esos días en que no me importa las 24 cuotas restantes para terminar de pagarlo. Hoy estoy convencida de que comprar el más caro fue lo mejor. Hoy, creo, que lo amo más a él.
Si cuando Charly llegue se digna a hacerme masajes capaz que los querría a los dos por igual. Pero eso, sabemos todos, que no va a pasar…

martes, 16 de noviembre de 2010

Tres

Yo me pregunto, hay realmente una ola la casamientos o simplemente el entorno se complotó en mi contra?

No, no, en serio. [Y mientras escribo esto hago un paréntesis para cruzar mis brazos y golpear con el taquito del zapato mientras miro desafiante el monitor.]

En los próximos meses tengo tres (3, tres… TRESSS) casamientos y un sinfín de gente conocida que se casa, aunque no tan cercana como para invitarme. Tres señoras y señores. Tres.

Implican tres vestidos, tres peinados, tres cuentas bancarias donde depositar dinero que NO tengo y si tuviera se destinaría a MI casamiento.

Y cuando protesto y pataleo la gente me tilda de loca, desquiciada y caprichosa. Y la pregunta de rigor no se hace esperar: para qué te querés casar?

Como que para qué? Porque si.
O acaso creen que mi sueño es que empiecen a llamarme “señora”?
O suponen que mi idea de momento feliz es encorsetarme como un matambre en un asqueroso vestido merengue comprado en once?
O tal vez asuman que endeudarme hasta la médula para dar de comer a 100 personas que criticarán el pollo seco es mi definición de felicidad…

Yo me quiero casar básicamente por dos cosas. Porque creo en la institución del matrimonio y porque estoy enamorada.
Después, encuentro cientos de motivos periféricos. Excusas que se decantan de las dos razones primordiales, y que se me van las ganas de explicar cuando escucho la pregunta inquisidora.

Pero por suerte tengo un blog, que habla de mis traumas, donde puedo protestar un poco y quitar algunas piedras de mi mochila. Para poder ponerme mi vestido nuevo, improvisar un peinado e ir a tirarle arroz a mis amigas.

Ojo, que si me pongo optimista concluyo que son tres chances de sacar el anillo y otras tantas para agarrar el ramo eh…

Yo me quiero casar. Y usté?
[si así lo desea, vaya y cumpla su deseo. seguramente lo hará antes que yo.]

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Gente, recuerden que hay tiempo hasta el 22 de noviembre para votar en Oblogo!
Gracias a todos los que se tomaron la molestia de votar (incluso sin gustarles el texto). Parece que varios se engancharon con la merienda, pues entonces sigamos votando que uno de estos días copamos plaza francia con scones y facturas eh!!! Besos y gracias a todos!

jueves, 8 de julio de 2010

Abandono

El hombre con quien compartí las últimas dos semanas se acaba de ir. Me dejó sucia y sola. Y encima tuve que pagarle.

Decí que canalizo limpiando, porque sino, me sentiría abandonada...

Lo voy a extrañar, querido electricista!!!

jueves, 1 de julio de 2010

Un manojo de nervios al borde del colapso

[Notará, estimado lector, que el presente texto está desprovisto de humor, risas y simpatía. Por el contrario, forma parte de mi descargo por que si no me enojo lloro y si lloro me hincho.]

Tengo la casa cubierta de escombros. Un amable señor está destruyendo mis paredes de a poquito con el objetivo de a) poner más tomas b) cambiar los cables y c) salvarme de que un día se prenda fuego todo y me quede sin casa y sin electrodomésticos. La parte mala, además de la mugre, es que debo pagar por esto. Lo irónico, es que con el stress que tengo encima ando “enchufada a 220”. Cuak.

Según este estimadísimo señor, el trabajo estará terminado para el martes de la semana entrante. Mientras tanto, mis finales esperan dentro de mi mac hasta el día que pueda volver a enchufarla, y si tengo suerte se prenderá… Se debería prender la compu y mi lamparita de las buenas ideas de último momento porque soy una enferma que labura mejor bajo presión!!!

Por otro lado, hace dos semanas que estoy sola en la oficina. Al margen de tener mucho laburo, y eso no es novedad, aparentemente todas las sucursales se complotaron para reclamarle a esta personita cosas que (mmm es evidente, pero igual lo digo) cosas de las que usualmente no me encargo y (siguiendo con las obviedades) NO TENGO IDEA!!!

Para retribuirme gentilmente las exigencias recibidas, desde siempre, pero en especial en estos últimos días, la empresa decidió premiarme con el privilegio de depositarme el sueldo una semana más tarde de lo habitual. Aplausos, subo al podio y agradezco. Lagrimeo. Y por supuesto, me hace ruido la panza. Básicamente debe ser porque tengo la heladera vacía. Gracias eh...

Y como broche de oro Charly esta insoportable. Quejoso, rompe huevos y malhumorado. Y mi horno no está para bollos.
LO MATO, LO MATO, NO LO BANCO MAS. Me separo, les juro que una semana más asi y le armo el bolso. [él tampoco cobró. shit.]

lunes, 31 de mayo de 2010

Cómo eludí mi bajón dominguero

En este fin de semana extrañamente corto y encima medio lluvioso (medio porque llovió la mitad del finde, je!) me pintó el bajón dominguero que hacía rato no aparecía. Pero de rebelde nomás vino a hacerse presente el sábado. [Y claro, la piba se encerró a comer y dormir, así cualquiera se bajonea]

Para contrarrestar semejante depre, el domingo por la tarde (considerando que si el sábado fui una morsa llorona, cuanto más sería el domingo al atardecer), me fui con mi vieja de shopping. Entendamos el término shopping como irse de compras ya que detesto soberanamente los centros comerciales. Lugares cerrados, llenos de gente, plagados de infantes ajenos y donde para colmo de males no se puede fumar. Eso para mi no es paseo. Y ni hablar de los precios…

Decía, me fui de compras. Pero esta vez lo que quise vestir fue mi casa.
Así que tarjeta CMR en mano, la hice mierda en Falabella Home.

Ya se que Falabella es una especie de shopping, pero la previa caminando por Florida, viendo como los puesteros intentan violar las billeteras de los turistas plagadas de dólares y paseando por una peatonal con música en vivo para mi es un placer.

Y ahí estaba yo, con mi progenitora a diestra (y a veces a siniestra), queriendo comprarme todo. Pero como todo no se puede, me traje un hermoso plumón de dos plazas, con almohadoncitos haciendo juego, y de paso cañazo cambié las almohadas también. Y de souvenir nomás sumé a la canastita unos ganchitos para la cortina del baño (que desde que lo redecoré los anteriores no me combinaban mucho que digamos).

Llegué a casa, feliz, como toda mujer cuando viene cargada de bolsas y los sueños consumistas hechos realidad!

Por supuesto que un día tan maravilloso no podía terminarlo encerrada en la cocina, así que Charly pidió una grande de muzza, y ni siquiera lavé los platos!

Qué se le va a hacer? Soy un ser consumista, pero que bien dormimos anoche sumergidos entre las plumitas…

lunes, 12 de abril de 2010

Pequeñas satisfacciones de fin de semana

• El olor a perfumito de lavadero de Tito y la satisfacción de descubrirlo blanco en vez de gris;

• Un jean de calce perfecto, en super liquidación, que vi a penas entré, me probé y en 5 minutos estaba afuera con mi nueva adquisición;

• Un vaso de cerveza siempre lleno rodeada de gente que no conocía, pasándola genial;

• El placard acomodado, con la ropa de invierno abajo, esperando que el frío me obligue a usarla;

• El abrazo de mi ahijada, su olor a bebé y sus carcajadas nuevas en el cumple de mi compadre.


martes, 30 de marzo de 2010

Pies Descalzos

El almanaque, aunque no el termómetro, me dice que estamos en otoño.


Yo detesto el frío. Me pone de mal humor, me dan calambres y contracturas, me visto como una cebolla y tirito de chuchos constantemente. Pero como en el yin yang, todo lo malo tiene algo de bueno y el yin de mi otoño-invierno son los zapatos.


Las botas caña alta, media y baja, las botinetas, los zapatos, los stillettos, las chatitas; con taco y sin taco, de cuero, de nobuk, de gamuza, de charol, y miles de etcéteras. Las vidrieras se llenan de cosas preciosas (mucho más lindas que en verano) y a mi se me cae la baba en cuanta vitrina me muestre la nueva colección.


Por lo general me cago en que todavía haga calor y empiezo a comprar. Arranco la temporada con dos pares, uno del color de la temporada y otro bajo y sin taco, negro o marrón, para andar todos los días. Cuando vamos llegando a agosto, me compro algún otro par que se este liquidando. Ya se que tres pares no es demasiado, pero recuerden que siempre fui una personita de recursos económicos limitados.


Cuál es el problema ahora? Cuál es el trauma del día?

Que mi presupuesto limitado acaba de recategorizarse en nulo.


Estoy conteniéndome, atándome a un árbol, autoabofeteandome para no ir por Santa Fe a chusmear, porque para mi mirar es imposible y siempre termino sacando la Visa. Eso, con las cuotas de mi aspiradora, unos jeans de Charly y el aire acondicionado implicaría que la señorita vendedora me rechace el plástico y pase el verano de mi vida. Que ironía, en pleno otoño…


Lo peor es que ahora todo lo veo en su versión zapatos. Por ejemplo, en este momento Tito esta en el taller. Son 350, me dijo mi padre, y automáticamente pensé que bien podrían ser mis botas negras de uso diario (las cuales tengo que comprar si o si porque regale las del año pasado). Ayer en la reunión de consorcio hablaban de aumentar las expensas y yo me despedía mentalmente de esas hermosas botinetas verdes vi en la Shop.


Encima la gente tiene el tupé de decirme que tengo un montón de zapatos! Vení para acá, escuchame una cosita, te voy a explicar, a) no tengo ningún montón, montón tendrá Madonna, b) regalo zapatos permanentemente, soy una chica solidaria y desprendida, c) lo que pasa de moda no se stockea, hacé de cuenta que no existe, si todavía lo tengo es porque me salió un ojo de la cara y tengo la esperanza que la moda vuelva y d) justo justito ese color que quiero no lo tengo, okey?


Uff, me descargue!

Pero no me siento mejor por eso, no se crean. Ahora mismo, mientras tipeo con mis pies descalzos sobre el puff blanco, los veo tan pequeños, tan desprotegidos, tan desnudos… Y yo sin poder hacer nada por ellos.


Está por empezar el invierno y al parecer voy a enfrentarme al mismo sin el único incentivo capaz de motivarme a vestirme en las mañanas. Estoy condenada a pasar por la estación más cruel de año, la que me obliga a andar doblada de frío y con la cabeza agacha, sin siquiera algo bello cerca del suelo a donde dirigir mi mirada.


Snif, se me pianta un lagrimón, carajo!