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sábado, 17 de abril de 2010

Es lo que hay…

En los últimos días me contaron una historia (real y atroz) sobre dos amigos versus dos amigas en una noche muy hot y muy danger, que merecía publicarse en mi blog, pero no lo hice.

También pinché una cubierta, en plena lluvia, y mi compañerito junto con mi jefe me la cambiaron. Esperé a Charly para ir a la gomería, porque ni eso supe hacer. Al otro día debí efectuar mi pago con una chocotorta. Era digno de ser relatado, pero tampoco lo hice.

También agarré unos morlacos (pocos a decir verdad) y le cambié la onda a mi baño con cortina y alfombrita nueva. Con lo mucho que amo mi hogar podría haberme sentado a redactarlo pero mmm no, no se me cantó.

El jueves me hice la top y me fui a un desfile, en donde una amiga era una de las protagonistas. Vi pasar frente a mis ojos vestidos de novia y de noche caros y espantosos, fui insultada por una señora que pretendía que me corra porque no la dejaba ver mientras yo hacía malabares para sacar fotos, y descubrí que ser flaca y linda no son condiciones para ser modelo. De hecho, me replanteo ahora cuáles son las condiciones y no encuentro respuesta. Esto por supuesto podría haber significado un lindo descargo, pero tampoco me dieron ganas.

Qué me pasa?
Perdí la motivación?

Hoy este modelo80ypico está particularmente cansada. Pase el día fuera de mi casa, de aquí para allá y si estoy acá sentada es porque no da acostarme a esta hora un sábado y encima sola. Realmente tenía ganas de salir, pero el cuerpo no me respondió. Le dije a Charly que saliera con los pibes que yo me quedaba babeando la almohada.

Y me dije:
- Ela, hoy podrías actualizar tu blog…
- Mi qué? … Ah si, mi blog, ok dale.
Y salió esto. Sepan comprender.

lunes, 12 de abril de 2010

Pequeñas satisfacciones de fin de semana

• El olor a perfumito de lavadero de Tito y la satisfacción de descubrirlo blanco en vez de gris;

• Un jean de calce perfecto, en super liquidación, que vi a penas entré, me probé y en 5 minutos estaba afuera con mi nueva adquisición;

• Un vaso de cerveza siempre lleno rodeada de gente que no conocía, pasándola genial;

• El placard acomodado, con la ropa de invierno abajo, esperando que el frío me obligue a usarla;

• El abrazo de mi ahijada, su olor a bebé y sus carcajadas nuevas en el cumple de mi compadre.


martes, 30 de marzo de 2010

Pies Descalzos

El almanaque, aunque no el termómetro, me dice que estamos en otoño.


Yo detesto el frío. Me pone de mal humor, me dan calambres y contracturas, me visto como una cebolla y tirito de chuchos constantemente. Pero como en el yin yang, todo lo malo tiene algo de bueno y el yin de mi otoño-invierno son los zapatos.


Las botas caña alta, media y baja, las botinetas, los zapatos, los stillettos, las chatitas; con taco y sin taco, de cuero, de nobuk, de gamuza, de charol, y miles de etcéteras. Las vidrieras se llenan de cosas preciosas (mucho más lindas que en verano) y a mi se me cae la baba en cuanta vitrina me muestre la nueva colección.


Por lo general me cago en que todavía haga calor y empiezo a comprar. Arranco la temporada con dos pares, uno del color de la temporada y otro bajo y sin taco, negro o marrón, para andar todos los días. Cuando vamos llegando a agosto, me compro algún otro par que se este liquidando. Ya se que tres pares no es demasiado, pero recuerden que siempre fui una personita de recursos económicos limitados.


Cuál es el problema ahora? Cuál es el trauma del día?

Que mi presupuesto limitado acaba de recategorizarse en nulo.


Estoy conteniéndome, atándome a un árbol, autoabofeteandome para no ir por Santa Fe a chusmear, porque para mi mirar es imposible y siempre termino sacando la Visa. Eso, con las cuotas de mi aspiradora, unos jeans de Charly y el aire acondicionado implicaría que la señorita vendedora me rechace el plástico y pase el verano de mi vida. Que ironía, en pleno otoño…


Lo peor es que ahora todo lo veo en su versión zapatos. Por ejemplo, en este momento Tito esta en el taller. Son 350, me dijo mi padre, y automáticamente pensé que bien podrían ser mis botas negras de uso diario (las cuales tengo que comprar si o si porque regale las del año pasado). Ayer en la reunión de consorcio hablaban de aumentar las expensas y yo me despedía mentalmente de esas hermosas botinetas verdes vi en la Shop.


Encima la gente tiene el tupé de decirme que tengo un montón de zapatos! Vení para acá, escuchame una cosita, te voy a explicar, a) no tengo ningún montón, montón tendrá Madonna, b) regalo zapatos permanentemente, soy una chica solidaria y desprendida, c) lo que pasa de moda no se stockea, hacé de cuenta que no existe, si todavía lo tengo es porque me salió un ojo de la cara y tengo la esperanza que la moda vuelva y d) justo justito ese color que quiero no lo tengo, okey?


Uff, me descargue!

Pero no me siento mejor por eso, no se crean. Ahora mismo, mientras tipeo con mis pies descalzos sobre el puff blanco, los veo tan pequeños, tan desprotegidos, tan desnudos… Y yo sin poder hacer nada por ellos.


Está por empezar el invierno y al parecer voy a enfrentarme al mismo sin el único incentivo capaz de motivarme a vestirme en las mañanas. Estoy condenada a pasar por la estación más cruel de año, la que me obliga a andar doblada de frío y con la cabeza agacha, sin siquiera algo bello cerca del suelo a donde dirigir mi mirada.


Snif, se me pianta un lagrimón, carajo!

jueves, 4 de marzo de 2010

Planificación anual

En el 2009...
• Viajé en avión por primera vez
• Conocí el sur
• Me fui a vivir sola.
• Al poco tiempo se vino Charly y comenzó la convivencia
• Terminé de cursar en la facultad
• Cambié un laburo horrible por uno mucho mejor
• Adoptamos una perrita
• Bajé 3 kilos
• Me compré el primer autito.

Para el 2010 quiero huevos y arroz.
Vos fijate!

lunes, 1 de marzo de 2010

Una de cal, una de arena

Hace rato que no posteo un poco por vaga y un mucho porque han sucedido varias cosas merecedoras de mi descargo y no se por cuál empezar.

Pero vamos a nivelar un poco el universo, con una de cal y una de arena.

Me chocaron el coche.
Mía ya no duerme más en mi cama.


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Ambas cosas fueron efecto de nuestra decisión de irnos unos días a la costa:

Salimos con lluvia torrencial que nos impidió llegar más lejos que a Caballito, que nos hizo desviar y nos cruzó en el camino con el señor desdentado dueño de la F100 que lastimó a Tito, y nos obligó a volver al hogar y emprender viaje al día siguiente.

De ésta misma decisión se decantó dejar a Mía con mis viejos, a quienes aparentemente obedece más que a nosotros y supieron quitarle la costumbre de dormir en la cama.

sábado, 30 de enero de 2010

Amiga divertida, se busca

Estoy pensando en poner un aviso en el diario. O mejor en Internet. No quiero vender el coche, ni el departamento, ni a mi novio (todavía). Quiero nuevas amistades. No quiero deshacerme de las viejas, pero me encantaría tener amigas que no sean noviodependientes y les guste salir de noche.


No pretendo volver borracha todos los domingos, no es mi onda, pero me encantaría que cuando tenga esos deseos irrefrenables de ir a bailar y disfrutar una puta noche tener con quien hacerlo.


Tengo amigas de toda la vida, como Ana, mi comadre. Pero esta casada y tiene una beba, por lo que eso la quita del juego. Después están Lina e Isa, juntas formamos un trío. Isa está de novia desde que la tierra estaba caliente y su relación es en cierta forma similar a la mía con Charly: pasan todo el tiempo que pueden juntos pero también se hacen espacios para sus amistades. El tema es que a ella ya se le paso la onda boliche. Ojo, a mi también, pero de vez en cuando me vuelve, me acuerdo que soy joven, que me gusta bailar y simplemente me dan ganas. Lina lleva casi 4 años de relación con un chico un tanto machista y no le gusta que vaya a bailar, y por más que ella diga que tampoco le gusta, las veces que hemos ido tuvimos que despegarla con espátula del parlante y abrirle los dedos con una pinza para que suelte el vaso de Baileys.


No me voy a poner ahora a hacer la lista de mis amistades, pero vale mencionar que excepto ellas y algunas otras que no mencioné, y no vienen al caso, todas las demás se mantienen cerca mío mientras están solteras. En cuanto cazan algún chongo se olvidan de sus amigas y dedican su vida a ellos, con el objetivo de mostrarles cuan fantásticas son, divertidas y copadas. Eso les quita tiempo para sus amigas, obviamente. Y cuando el muchacho en cuestión comete el error de formalizar, el objetivo se transforma en demostrar que son chicas de su hogar que por supuesto no van a bailar. Cómo van a hacer eso?


He tenido amigas, con las que salía todos los fines de semana, que se borraron literalmente de un día para el otro y terminé enterándome por terceros días más tarde que estaban de novias.


También otra que, estando soltera, prefería no salir conmigo porque yo era competencia. Esa era una tarada, porque por aquel entonces yo andaba noviando, entonces dónde está la competencia? Y aunque no lo hubiera estado, es todo una cuestión de seguridad, yo no me considero competencia para nadie, pero si alguien tiene problemitas de autoestima no es mi problema.


Recuerdo también algunas amigas (hoy pongo en duda la utilización del termino para todas estas ridículas que estoy mencionando) que solo estaban a mi lado cuando yo estaba mal, triste, angustiada o lo que sea por cualquier situación, y en cuanto la vida esbozaba una leve sonrisa a mi favor, salían despavoridas. Hace poco alguien me dijo que hay personas que les gusta estar cerca de otras “en desgracia” y así sentirse mejor consigo mismas. Triste pero real. Y lo puedo asegurar, porque me he cruzado con ese tipo.


En fin. Volviendo al punto, me gustaría tener amistades que me llamen y me digan, qué hacés el viernes? Hay un barcito nuevo que quiero conocer, te copás? o cosas por el estilo. Mi aviso diría algo así: Joven mujer modelo 80 y pico busca nuevas amistades, divertidas, copadas, con ganas de salir. Ofrece puchos y medio de transporte. Contactar por Blog. Preferentemente zona sur de Capital.


Esto último solo por el temita que después me toca hacer de remisera jeje.

viernes, 15 de enero de 2010

Los encuentros con la farándula cuestan caros

Este título no tiene nada de retórica.


Ayer tipo 8 de la noche surgió una de esas salidas entre semana que a mi me encantan: algo no planeado pero avisado lo suficientemente antes como para que me haga la idea que voy a ir dormida al laburo al otro día. Me llama Charly y me cuenta que su profe de batería iba a tocar esa misma noche, si tenía ganas de ir.


Más allá de que me encanten estas salidas no programadas también me gusta el jazz entre semana, así que ahí fuimos.


Agradecí a todos los santos tener auto. No me hubiera ido un jueves hasta Chacarita en bondi ni de casualidad, ya estoy vieja para esos trotes.


Llegamos y nos encontramos con un bar de mala muerte, una fonda de barrio media destartalada: sillas y mesas rotas, bichos alrededor de las luces y ni hablar del baño. Pero yo estaba de buen humor y todas esas cosas que suelen molestarme mucho ni me inmutaron.


Cuando nos sentamos vino la moza con la carta en la punta de la lengua. Entiendase, no había carta. Ella repetía rapidito y de corrido los platos disponibles y uno debía hacer el esfuerzo por tentarse con algo de esa lista unisona.


- Picada tenés? - preguntamos después de escuchar la lista.

- Si, pero no de fiambres. Son albondigas, tortilla y tarta.

(The what?)

- Ahhh y pizza?

- No, sólo comidas caseras.

- Ok, traenos dos peccetos y una Stella. (más tarde pedimos la segunda)


Con Charly estabamos en postura novios. Nos besabamos, charlamos un monton, nos dijimos cosas lindas y también hablamos de temas profundos. Aparentemente la monotonía de la vida cotidiana no da mucho lugar para ese tipo de conversaciones. Si en cambio para las peleas.


En fin, cuando empezó el show lo escuchamos atentos y sólo hablábamos para hacernos comentarios sobre la música, los instrumentos, los solos de cada uno, y demás temas relacionados. Hasta que Charly me dice: Viste quién está ahí? Giro mi cabeza y lo veo. Nooo, Alejandro Dolina!!!


No soy cholula, pero al tipo lo admiro.


En el break de los músicos salió afuera para que su grupo pudiera fumar. Estaba ahí, a metro veinte de mi mesa, de espaldas, y yo buscando el momento para saludarlo mientras mi novio me decía que no lo joda. Lo analicé y dije tiene razón, y desistí.


Y en ese momento se da vuelta. Me mira. Le sonrio.

- Hola, cómo estás?.

- Bien - responde.

- Te puedo saludar?

- Si, dale.

Se acerca y me da un beso.

- Disculpá, no te quería molestar.

- No hay problema, cómo te llamas?

- Ela.

- Mucho gusto - Y recien ahí lo saludo a Charly.

- Te molesta si nos sacamos una foto?

- No, dale.

Y ahí lo abracé, me abrazó y quedamos inmortalizados en el celular de mi novio. Le agradecí y se fue.


Me quedé satisfecha. No tanto por el encuentro sino porque se dio y se notó que lo admiro pero no quería joderlo. Un bohemio escuchando jazz a una mesa de distancia. Un groso, super buena onda.


Cuando vimos el reloj decidimos que era suficientemente tarde y mejor nos ibamos. Pedimos la cuenta y la moza sin dudar dijo: Son 120 chicos. THE WHAAAAT?


Tuvimos que sumar todo lo que nuestras billeteras contenían para llegar a esa suma. Por supuesto que no dejamos propina. Ahí nos enteramos que la cerveza estaba 25 pesos y haciendo cálculos básicos dedujimos que cada plato de comida costaba 35.


Nos cagó la noche. Todo el viaje de vuelta a casa lo utilizamos para analizar cómo un bar de mala muerte cobra 35 pesos un plato con 3 rodajas de pecceto y media papa. Y ni hablar de que cobren la cerveza a precio Las Cañitas. Hola, estabamos en Chacatita frente al cementerio. Concluimos que pretendieron en una noche salvar el mes. Pero igual considero que merecen la quiebra. He dicho.


Es increible. Cuando menos plata tenés más gastos inesperados surgen. Y ni hablar de la lluvia del domingo que nos hizo desperdiciar los 76 mangos de la entrada a Parque Norte sin siquiera haber tocado la pileta… Y para colmo de males hoy tengo que llevar a Mía al veterinario.


En breve me verán haciendo malabares en los semáforos. O limpiando vidrios. No tiene una monedita, Don?

jueves, 7 de enero de 2010

Relaciones familiares: Mi abuela (I)

Mi abuela es un caso especial…

La relación que tenemos no se compara con las típicas relaciones abuela-nieta.


Ella es una persona que siempre fue muy activa, siempre corriendo de acá para allá, siempre dispuesta a ayudar en lo que le pidan (y en lo que no también) y acompañar en todo momento.

Es una viejita moderna pero no ridícula. No se maquilla ni va a la peluquería, lleva sus canas con cierto orgullo y más de una vez le han preguntado dónde se hacia esos reflejos tan copados. Usa joggings, remeras de algodón, camperitas, zapatillas, alpargatas (de las lindas, obvio) para el día. Y cuando sale, polleras de modal (algunas fueron mías), remeras con estampados y chatitas.


Cuando sus hijos, que son mi papá y mi tía, se casaron ella dijo que le cuidaba una criatura a cada uno. Lo que no se imaginó es que nacerían con 10 meses de diferencia. Pobre vieja… Ella nos crió a mi primo y a mi.


Crecí en compañía de esta hermosa mujer que siempre me trató con amor a pesar de no ser muy demostrativa, y me hablaba de igual a igual sin importar mi edad. Con ella aprendí a putear (dije putear, no insultar) y a hacerme adicta a las novelas y programas de chimentos.


Heredé de ella el placer de sentarme en un bar a tomar algo con un tostado. También la necesidad de consumir, salir a mirar vidrieras y volver sí o sí con alguna bolsita. Y la cualidad de hablar hasta por lo codos, incluso estando sola.


Me dio siempre todos los gustos. Cada mes, con la jubilación de mi abuelo, íbamos a la juguetería y me compraba una Barbie. Y cuando fui más grande (aunque no tanto) cambié la elección por ropa. Siempre ropa.


Es, hasta el día de hoy, la que me dice que gaste, que me de gustos, que vaya a comer afuera, que me compre cosas, que no llore sobre la leche derramada, que no ahorre en comida. Ella siempre ahorra por mi. Le va sacando plata al amarrete de mi abuelo de a poco y cada tanto me dice: Tengo tanto para gastar, que querés?


Siempre fuimos muy compañeras. Yo soy, por genética y por costumbre, igual a ella. No soy una persona independiente, ella tampoco. Así que a cada lugar que teníamos que ir, así fuera a comprar pan, lo hacíamos juntas.


Soy su confidente, me cuenta cosas que no le dice a nadie, sobre cómo se siente por la situación de mi abuelo, qué opina de mis padres, de mis tíos, de mis primos. No me cuenta sus penas con llanto, sino como una situación por la que le toca pasar, y eso me hace admirarla cada día más. Es una mujer que no se cae. O al menos no se caía.


Hace varios años que mi abuelo está enfermo. Su problema no es una novedad, pero con el tiempo y los años se fue agravando. Tiene EPOC, en criollo: respira con el 15% de los pulmones, culpa de haber fumado durante años plus un laburito en el subte post jubilación.


Hoy por hoy depende 100% de mi abuela. Para comer, para acostarse y levantarse, para bañarse y hasta para caminar. Mientras él estaba medianamente bien mi abuela seguía haciendo su vida normal pero ya no es lo mismo. Tiene miedo y culpa de dejarlo solo y yo entiendo todo, pero esta situación la está consumiendo.


Se siente presa de su casa y de su marido y sabe que para retomar su libertad mi abuelo debe morir. Ella siente culpa por ansiar su libertad porque sabe lo que implica. Cuando uno, con corta edad, se pregunta si existe el amor para toda la vida basta con mirar el amor de esta mujer por su marido. Lo ama tanto que sufre a la par. Tanto, que dejó su vida de lado por acompañarlo en todo momento.


Hasta ahí un gesto hermoso, pero del otro lado no hay más que egoísmo. Pobre mi abuelo, yo lo quiero con toda mi alma, pero nunca se hizo querer. Es un buen tipo, conducta intachable, derecho y honesto, pero amarrete, poco cariñoso y egoísta al extremo. Si mi abuela dejó de lado su vida fue por culpa, pero esa culpa no vino sola, se la hizo sentir él, tanto tanto que la cansó y se instaló a su lado a servirlo.


(...)

lunes, 4 de enero de 2010

Relato de una ex-peatona

Nunca me gustó viajar en colectivo. Me da mucho asco agarrarme de esos caños mugrientos, el olor de la gente en hora pico, los vidrios sucios que impiden ver para afuera, viajar parada… En fin, detesto viajar en colectivo y me di cuenta de esto cuando hace varios años trabajaba por Palermo y tenia 45 minutos de viaje más varias cuadras para caminar.

En esa época decidí que necesitaba un auto.


Jamás tuve un sueldo interesante, pero me propuse ahorrar lo que pudiera y más adelante ver como barajaba algún crédito para comprar mi primer autito. Soñaba, humildemente, con un Fiat 600.


Mi siguiente laburo me quedaba muy cómodo a nivel transporte, a una cuadra de mi casa (la paterna por aquel entonces). De todas formas, los meses que podía, separaba algunos pesitos que si no eran para un coche, para algo los usaría eventualmente.


Así pasaron 3 o 4 años con el sueño de tener un auto, pero era conciente que no solo no lo necesitaba tanto, sino que no lo podía mantener. Y además, a medida que pasaba el tiempo y mis ahorros crecían mis aspiraciones también lo hacían pero exponencialmente. Entiéndase que el Fitito que pretendía en seguidita se transformó en un 147 y así sucesivamente, mientras que con lo acumulado a duras penas compraba una bicicleta.


En el interín surgió la imperiosa necesidad de mudarme. No pude ahorrar nada durante un tiempo, pero andaba contando las monedas ya que quería evitar a toda costa tocar mis míseros ahorros para la mudanza. Y lo conseguí.


Una vez en mi departamento el estilo de vida cambió. Se acabaron los taxis, el fiambre para sandwiches, los zapatos nuevos, los delivery y por supuesto también la capacidad de ahorro. Como me costaba tanto llegar a fin de mes, decidí dejar mis pesitos al amparo de mi padre, para vencer la tentación de hacerlos mierda en el primer shopping que viera. Hice bien.


Para colmo de males, en medio de mi crisis económica, me despiden del trabajo. Son cosas que pasan, yo venía tirando curriculums desde hacía un tiempo porque ya no estaba cómoda y me la veía venir, pero eso no quita que la situación le haya dado un golpe mortal a mi tambaleante economía hogareña.


Y encima, la indemnización se hizo esperar, como es usual…


Nos ajustamos lo más que pudimos y recibimos mucha ayuda de mi familia. Yo les decía que no me dieran plata, que me pagaran algun servicio. Y mientras mi vieja pagaba el cable, mi abuela me llenaba la heladera.


Fue duro. Recuerdo ponerme a llorar al abrir las bolsas y encontrar alfajores, golosinas, fiambre, pan lactal, aceite de maíz, lisoform, bolsas de residuo, pecceto para milanesas… convengamos que son cosas que uno dispensa cuando no tiene un mango…


Volviendo al punto, el sueño del auto estaba cada vez más lejano. Sin trabajo, sin capacidad de ahorro y con deudas no solo no existía la posibilidad de compra, sino que faltaba el sustento para su mantenimiento.


Hasta que un día llegó la indemnización. Y la idea de un trasporte volvió a rondar por mi cabeza.


Charly siempre tuvo moto, entonces empezamos por ahí. A buscar algo similar a lo que le habían robado meses atrás y así tener al menos una comodidad. Nada de lo que veíamos nos convencía y los precios eran altos, así que retomamos la idea del 147. Lo que veía, honestamente, no me gustaba. Sentía que era tirar la plata.


Definitivamente, pretendíamos más. Buscamos por Internet algún golcito, línea vieja. Nos parecía digno para empezar. Y en esa búsqueda separamos algunos para visitar, uno de ellos de los redonditos y por ahí empezamos.


Nunca llegamos a ver el segundo. Llegamos y ahí estaba, paradito en sus 4 ruedas negras, con los vidrios polarizados a modo de gafas de sol y su blancura de novia.


Nos encantó. Lo señamos con una suma irrisoria y 5 días después me convertí en dueña. Y de generosa nomás le regalé la cédula azul a Charly…


Tengo mucho más auto del que una simple laburante como yo podía aspirar. Sé que no es un Alfa Romeo, pero después de un año de tantos sacrificios honestamente no imaginaba poder comprarme un autito como este.


Por mi afán de humanizar las cosas y ponerles nombre, yo lo llamo Tito pero Charly le dice Monchito, y hace un mes y dos días que nos acompaña a todos lados. Me corrijo: que nos lleva.




martes, 29 de diciembre de 2009

Balance de fin de año

Son las doce y pico del mediodía y todavía bostezo. Se que no es sueño, ya que dormí toda la noche y buena parte de la mañana, es mera culpa de mi ataque al hígado. Nota mental, un volcán de chocolate está bien, dos ya es abuso.


Por lo general, cuando me siento mal me pongo maricona, sensible y llorona. Hoy estoy sensible nomás, parece que se me acabaron las ganas de llorar. Estoy, básicamente, deprimida.


No le quito mérito a la época eh, siempre me deprimo para las fiestas, la Navidad no me gusta no por la Navidad en sí sino por la forma de festejo de mi familia. Este año me tocó pasar la Noche Buena con mi suegra y tampoco me gustó y todavía resta Año Nuevo, con mis parientes.


Este fue un año difícil y a la vez hermoso.


En los primeros meses del año festejamos nuestro primer aniversario con Charly y nos fuimos de viaje a Bariloche, lo que implicó mi primera experiencia en un avión, y por supuesto, esa hermosa ciudad y yo al fin nos conocimos.


En marzo me confirmaron la próxima disponibilidad de mi departamento, por lo que comenzaron los verdaderos preparativos, ahorros y compras correspondientes.


En abril me dieron las llaves y el 1ero de mayo ya me había librado oficialmente de la vida de hija para abrirme paso a la vida de mujer independiente. Pobre, pero independiente.


Los dos primeros meses sentía una mezcla de libertad y prisión. Vivía sola y en teoría las cosas acá se hacían a mi manera, pero no me alcanzaba el sueldo, por lo que nunca tenía un mango, y por otro lado mi vida giraba en torno a si mi novio venía o no.


El verdadero conflicto estaba en los fines de semana, porque él venía y se instalaba y si los amigos lo llamaban para salir, se iba y me dejaba sola y sin planes, lógicamente. Tardé bastante en conseguir que comprendiera que si él estaba acá yo no iba a arreglar con mis amigas, y si de repente se iba me cagaba la noche, porque ya no había chances de hacer planes.


De una charla en la que básicamente le dije “necesito libertad” terminamos oficializando la convivencia. Y me puse feliz, porque lo amo, pero hoy viendo para atrás recuerdo que no era lo que estaba pidiendo…


Un mes más tarde me quedé sin trabajo y con los sueldos míseros ofrecidos más la crisis se me hizo difícil encontrar uno. Fueron 2 o 3 meses de angustias y pobreza, pero en el medio adoptamos a Mía, y una cachorrita que requiere toda tu atención no deja mucho margen de tiempo para la depresión.


Llegó mi cumpleaños en octubre y me encontré oficialmente en la mitad de la década, todavía sin un mango y con pocas ansias de festejos. Y en esos días conseguí trabajo. Uno que me gusta y en el que estoy cómoda, pero con un sueldo de inmigrante indocumentado…


Y así llegó diciembre, con navidades sin regalos ni arbolito, con mis amigas haciendo planes de vacaciones y yo con mi indemnización convertida en 4 ruedas y un motor.


Y con el análisis de fin de año veo que tengo un montón de cosas que anhelé por mucho tiempo, mi casa, mi auto, mi perra y aun así no soy feliz. Y soy conciente que la culpa la tienen las constantes discusiones con mi novio.


Hemos sido criados de formas muy distintas y en nada pensamos siquiera parecido.

Yo soy una persona que necesita mimos y contención de su pareja, y él es egoísta y desconsiderado. Hablar con él es hablar con la pared. No entra jamás en razones ni tiene la capacidad de ponerse en el lugar del otro y analizar qué le puede gustar o no.


Todo termina en peleas, ya no hay besos, ni mimos, ni abrazos…

Si yo no cocino acá no se come, si no limpio vivimos en la mugre, si no pago las cuentas nos cortan los servicios, y si no me encargo de Mía la perra se desnutre.


Así con todo.

Y analizándolo fríamente no sólo no es lo que quiero para mi vida sino que no me lo merezco.


Se que debería sentarme a hablar con él, pero ya lo hice en varias ocasiones y nada cambió, entonces se me terminan las ganas.


Hoy descubrí que estoy deprimida, que ando triste, sin hambre, con un nudo en la garganta y entendí que la culpa no la tiene solamente el almanaque.


Quisiera que las cosas cambien, que podamos disfrutar lo que tenemos, que la persona que esta a mi lado no solo diga que me ama sino que lo demuestre, y tal vez esté pesimista pero no veo ese cambio posible, entonces formulo por primera vez esta frase: las cosas no están funcionando.


En 48 horas voy a levantar un copa con sidra en casa de mis tíos, brindaré con ellos, con mis primos, mis abuelos, mis padres y mi novio diciendo “Feliz Año Nuevo” pero me conozco, voy a estar llorando y brindando por un cambio.


Ojalá hoy Charly se acuerde que tengo un blog y sienta curiosidad por leer como estoy…