Si hay algo que yo he sufrido en esta vida fueron las travesuras de Mía. Y entendamos como travesuras destrozarme la casa cada vez que se quedaba sola, así fueran 5 minutos.
Cuando era bebé rompía, o intentaba romper, todo en mi presencia. Luego adoptó la costumbre de hacerlo en soledad. Que delicadeza…
Solía dejarla en la cocina cuando me iba, pero a medida que fue creciendo le quedo chica y a mi se me agrando la lástima, así que me resigné a encontrar mi casa despedazada día tras día.
Se ha ligado sus buenos chirlos, pero no escarmentaba…
Un día no rompió nada, al siguiente tampoco y hace paso un mes.
Hasta que un día le agarro la chiripiorca y volvió a atacar mis papeles/almohadones/muebles…
Creí que se había resignado a portarse bien, como lo hace actualmente, al hartarse de mis gritos.
Pero no.
Tiene una nueva travesura, que no me convence del todo pero decidí permitírsela.
La puerta de mi cuarto no cierra bien y ella la abre todos los días, se sube a mi cama y duerme allí toda la mañana.
Si, sacudo pelos a diario de mis almohadas. Pero descubrí que su travesura es abrir la puerta y acceder a un lugar prohibido, que es prohibido solo porque está cerrado.
La semana pasada Charly me dijo que trabemos la puerta y le dije que no, pobreshiiiita…
Y ayer descubrimos que canaliza su soledad recostada en nuestra cama, a modo de travesura, sin hacer mayores males y durmiendo con nuestro olor cerquita de su nariz.
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lunes, 27 de junio de 2011
jueves, 28 de abril de 2011
Entre comillas
Dicho a los gritos por
Ela
Cuando hacía cosa de 3 meses que Charly y yo salíamos él escucho una conversación mía con una amiga. Ella lo llamo “tu novio” y Charly freakeó. Me hizo el típico planteo masculino de “no estamos yendo demasiado rápido?” y yo lo miré resignada y lo mande a cagar. A fin de cuentas, ya todos nuestros amigos sabían de lo nuestro y los fines de semana los repartíamos entre almuerzos en su casa y cenas en la mía.
Luego de una extensa discusión le dije que no pensaba dar un paso atrás en la relación, que se avanzaba o se terminaba y siendo la cosas lo que eran sería lo más conveniente darla por finalizada. Y ahí freakeó peor! Que te quiero, que no te quiero perder, que entonces mejor formalicemos.
Charly: Hoy que día es? Empecemos a contar desde hoy…
Ela: Ni en pedo, hoy es un día de mierda, hace 2 horas que estamos discutiendo
C: Ok, entonces?
E: Contabilicemos desde la primer salida que hicimos solos.
Entonces, almanaque en mano, sacamos las cuentas y quedamos en el 1ero de febrero.
------------------------------------------------------------------------
Cuando me independicé de mamá y papá habíamos acordado que yo viviría sola, pero Charly no cumplió demasiado con esa condición. Tuvimos un montón de discusiones porque él se pasaba el sábado en casa y a las 11 de la noche me decía “chau, salgo con los chicos”. Y yo lo quería matar. Flaco, avisame antes porque a esa hora es fija que me quedo de garpe en casa!
Hasta que un día me cansé. Le dije que necesitaba mi espacio, que no podía ser que él viviera conmigo de lunes a viernes pero los fines de semana se convirtiera en un soltero con amigos. Le dije que prefería no tenerlo siempre instalado en casa y que antes de venir tendría que avisarme. Ahí volvió a freakear. Prometió amor eterno y que respetaría mis tiempos. Pero al otro día se apareció con 3 bolsos enormes con toda su ropa y la batería, diciendo “hablé con mi vieja, le dije que me mudaba con vos”. Y yo lo mire con una ceja en alto y guarde silencio.
Es por tal motivo que no tenemos una fecha concreta de convivencia, así que festejamos el día en que YO me mudé a este departamento.
El domingo se cumplirá el segundo aniversario de convivencia y además cumplimos 3 años y 3 meses de novios.
Todo esto, por supuesto, dicho entre enormes comillas…
Luego de una extensa discusión le dije que no pensaba dar un paso atrás en la relación, que se avanzaba o se terminaba y siendo la cosas lo que eran sería lo más conveniente darla por finalizada. Y ahí freakeó peor! Que te quiero, que no te quiero perder, que entonces mejor formalicemos.
Charly: Hoy que día es? Empecemos a contar desde hoy…
Ela: Ni en pedo, hoy es un día de mierda, hace 2 horas que estamos discutiendo
C: Ok, entonces?
E: Contabilicemos desde la primer salida que hicimos solos.
Entonces, almanaque en mano, sacamos las cuentas y quedamos en el 1ero de febrero.
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Cuando me independicé de mamá y papá habíamos acordado que yo viviría sola, pero Charly no cumplió demasiado con esa condición. Tuvimos un montón de discusiones porque él se pasaba el sábado en casa y a las 11 de la noche me decía “chau, salgo con los chicos”. Y yo lo quería matar. Flaco, avisame antes porque a esa hora es fija que me quedo de garpe en casa!
Hasta que un día me cansé. Le dije que necesitaba mi espacio, que no podía ser que él viviera conmigo de lunes a viernes pero los fines de semana se convirtiera en un soltero con amigos. Le dije que prefería no tenerlo siempre instalado en casa y que antes de venir tendría que avisarme. Ahí volvió a freakear. Prometió amor eterno y que respetaría mis tiempos. Pero al otro día se apareció con 3 bolsos enormes con toda su ropa y la batería, diciendo “hablé con mi vieja, le dije que me mudaba con vos”. Y yo lo mire con una ceja en alto y guarde silencio.
Es por tal motivo que no tenemos una fecha concreta de convivencia, así que festejamos el día en que YO me mudé a este departamento.
El domingo se cumplirá el segundo aniversario de convivencia y además cumplimos 3 años y 3 meses de novios.
Todo esto, por supuesto, dicho entre enormes comillas…
miércoles, 9 de marzo de 2011
Progreso al plato
Dicho a los gritos por
Ela
Martes de Carnaval, 22:30 hs.
Charly y yo estabamos cerrando un finde extenso de muchísimo estudio pre finales.
Él sale de la ducha y se produce la siguiente conversación:
Ela: Soy muy ilusa si creo que vas a sacar a Mia? – dije, conociendo la respuesta negativa
Charly: mmm (carita de “no tengo ganas”) ok, yo la saco pero no lavo los platos
E: (silencio)
C: Bueno, lavo la mitad.
E: (risas)
Y automáticamente se vistió y la sacó.
Yo me dispuse a lavar los platos, en su totalidad.
Cuando vuelve, había lavado solo un tupper (parece que la nena hizo pichín rapidito)
C: Dejá, yo sigo
E: No, ya fue. Recién arranco, los lavo yo
C: No, dale, dejame a mi que me siento culpable sino
E: No pasa nada, en serio
C: Salí, dejame a mi
Y terminó de lavar los platos…
Esto para mi, señoras y señores, se llama progreso.
Charly y yo estabamos cerrando un finde extenso de muchísimo estudio pre finales.
Él sale de la ducha y se produce la siguiente conversación:
Ela: Soy muy ilusa si creo que vas a sacar a Mia? – dije, conociendo la respuesta negativa
Charly: mmm (carita de “no tengo ganas”) ok, yo la saco pero no lavo los platos
E: (silencio)
C: Bueno, lavo la mitad.
E: (risas)
Y automáticamente se vistió y la sacó.
Yo me dispuse a lavar los platos, en su totalidad.
Cuando vuelve, había lavado solo un tupper (parece que la nena hizo pichín rapidito)
C: Dejá, yo sigo
E: No, ya fue. Recién arranco, los lavo yo
C: No, dale, dejame a mi que me siento culpable sino
E: No pasa nada, en serio
C: Salí, dejame a mi
Y terminó de lavar los platos…
Esto para mi, señoras y señores, se llama progreso.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Qué foto?
Dicho a los gritos por
Ela
Con ustedes ya no tengo secretos.
Si me borro por unos días es fija que ando alterada y eso me trauma.
Pero aquí me hago presente para documentar qué estuve haciendo mi fin de semana navideño.
Si me borro por unos días es fija que ando alterada y eso me trauma.
Pero aquí me hago presente para documentar qué estuve haciendo mi fin de semana navideño.
Arrancamos con la realización de mis más famosos pan dulces artesanales. Sin falsa humidad, me salen bárbaros!!! Nada de la asquerosa fruta abrillantada. Lleva otra cosa, pero como buen chef que soy, no revelo secretos...

La ola de calor me obligó a tomar una siesta en la hamaca paraguaya con Mía. El problema surgió cuando llegó Charly y se quiso subir con nosotras. Conclusión: ésta es la última foto de la hamaca. Se cortó lo soga y nos fuimos derechito al piso. Tengo 2 chichones y Charly un moretón. A Mía, que estaba a upa, lógicamente no le pasó nada. A Charly lo pongo a dieta a partir del 2 de enero...

Y llegó la noche buena... A las 12 clavadas Charly trajo los regalos. Mi mamá y mi suegra ligaron un colgantito cada una, comprado por mi. Mi viejo medias, de esas caras e imposibles de conseguir y con las que tanto hincha. Charly una bermuda y una remera. Y yo dos remeritas y un vestidito. Qué qué es esta foto? El regalo de Mia! Una caja navideña perruna, llena de chiches, orejitas, huesitos, bombones y demás. Aquí Mía enloquecida queriendo agarrar todo junto. Un chichito ya lo rompió y no hace más ruidito. Menos mal...

Y para cerrar nuestro fin de semana -siendo que la noche anterior debido a la maldita pirotecnia mi pobre princesa sufrió como una condenada- la mimamos un montón. Y aquí una prueba de ello.

Espero que les hayan gustado mis postales navideñas.
La semana que viene les muestro fotos de este finde que se viene.
Con Charly nos vamos a pasar año nuevo a una quinta con amigos. De ahí seguramente traiga un montón de postales de nuestra diversión y/o borrachera. Siempre y cuando consigamos nafta para viajar, obviamente!
La semana que viene les muestro fotos de este finde que se viene.
Con Charly nos vamos a pasar año nuevo a una quinta con amigos. De ahí seguramente traiga un montón de postales de nuestra diversión y/o borrachera. Siempre y cuando consigamos nafta para viajar, obviamente!
martes, 21 de diciembre de 2010
Hoy lo amo más a él
Dicho a los gritos por
Ela
Decidí que era hora de incluirlo en mi vida, de traerlo a casa. Que sin él la cosa ya no iba más. Charly y yo lo necesitábamos para vivir mejor, para hacer más llevaderos nuestros días.
Pero debo reconocer que él no estaba muy convencido de incluirlo en nuestras vidas. Fui yo la que insistió, movida por un deseo profundo que se convirtió en necesidad. O viceversa, no lo se.
A sabiendas de mi egoísta decisión, seduje a Charly con la idea. Hablé de los beneficios y dejé de lado las contras. Él terminó convenciéndose de que tenía razón y accedió.
Si dijera que en todo este tiempo nunca nos arrepentimos mentiría. Si, hubieron veces en que creímos haber cometido un error. Pero también hubieron días terribles en donde su presencia fue maravillosa. Días en que lo amé más que a Charly. Tengo plena certeza que en esos momentos Charly también lo amó más que a mi.
Hoy es uno de esos días. Cuando afuera la temperatura marca 35 grados en ascenso yo estoy fresquita como una lechuga bajo el aire acondicionado. Hoy es uno de esos días en que no me importa las 24 cuotas restantes para terminar de pagarlo. Hoy estoy convencida de que comprar el más caro fue lo mejor. Hoy, creo, que lo amo más a él.
Si cuando Charly llegue se digna a hacerme masajes capaz que los querría a los dos por igual. Pero eso, sabemos todos, que no va a pasar…
Pero debo reconocer que él no estaba muy convencido de incluirlo en nuestras vidas. Fui yo la que insistió, movida por un deseo profundo que se convirtió en necesidad. O viceversa, no lo se.
A sabiendas de mi egoísta decisión, seduje a Charly con la idea. Hablé de los beneficios y dejé de lado las contras. Él terminó convenciéndose de que tenía razón y accedió.
Si dijera que en todo este tiempo nunca nos arrepentimos mentiría. Si, hubieron veces en que creímos haber cometido un error. Pero también hubieron días terribles en donde su presencia fue maravillosa. Días en que lo amé más que a Charly. Tengo plena certeza que en esos momentos Charly también lo amó más que a mi.
Hoy es uno de esos días. Cuando afuera la temperatura marca 35 grados en ascenso yo estoy fresquita como una lechuga bajo el aire acondicionado. Hoy es uno de esos días en que no me importa las 24 cuotas restantes para terminar de pagarlo. Hoy estoy convencida de que comprar el más caro fue lo mejor. Hoy, creo, que lo amo más a él.
Si cuando Charly llegue se digna a hacerme masajes capaz que los querría a los dos por igual. Pero eso, sabemos todos, que no va a pasar…
viernes, 5 de noviembre de 2010
Bomberos
Dicho a los gritos por
Ela
Recuerdo que una vez, teniendo unos 7 u 8 años, estábamos con mi mamá en casa cuando tocaron el timbre los bomberos. Solicitaron que evacuemos el edificio inmediatamente ya que unos pisos más arriba se estaba produciendo un incendio. Recuerdo que me asusté, y mi mamá me dijo que no me preocupe, que nos pedían que saliéramos por prevención, y que si hubiera algún peligro concreto lo habríamos notado antes que ellos llegaran. Le pregunté qué debía agarrar y ella dijo que nada. Solo tomó las llaves y yo atiné a llevarme conmigo mi muñeca preferida. Estaba nerviosa y con miedo y me extrañó la serenidad con que mi vieja se tomó la noticia. Llaves en una mano, su hija en la otra y para abajo nomás!
Cabe aclarar que nada pasó. Habremos estado media hora en la vereda hasta que nos permitieron volver. Ni siquiera recuerdo haber visto humo.
Pero ese insignificante hecho me quedó grabado en la memoria. Y no puedo evitar preguntarme frecuentemente que objeto llevaría conmigo si tuviera un minuto para salir de mi casa, sin la certeza de que al volver todo estuviera en las mismas condiciones.
Pienso que hoy por hoy bajaría la térmica por precaución, agarraría a Mía y a mi mac y saldría del edificio tal como me encontrase en ese momento.
Ustedes, si tuvieran solo un instante para tomar algo de su casa e irse, qué objeto elegirían?
Cabe aclarar que nada pasó. Habremos estado media hora en la vereda hasta que nos permitieron volver. Ni siquiera recuerdo haber visto humo.
Pero ese insignificante hecho me quedó grabado en la memoria. Y no puedo evitar preguntarme frecuentemente que objeto llevaría conmigo si tuviera un minuto para salir de mi casa, sin la certeza de que al volver todo estuviera en las mismas condiciones.
Pienso que hoy por hoy bajaría la térmica por precaución, agarraría a Mía y a mi mac y saldría del edificio tal como me encontrase en ese momento.
Ustedes, si tuvieran solo un instante para tomar algo de su casa e irse, qué objeto elegirían?
sábado, 7 de agosto de 2010
La quejosa
Dicho a los gritos por
Ela
La quejosa es una mina que protesta. No hay algo puntual, nada le viene bien.
No es malhumorada, es simpática y de sonrisa fácil, pero se queja. Se queja de no llegar a fin de mes, se queja de no tener todo, de un trabajo mal pago, de un título en stand by. Se queja de no tener dinero para darles de comer y beber a 100 personas una sola noche, de no poder sacar fotitos, de no poder ponerse un vestido blanco y firmar un papel. Se quejaba de estar muy flaca y ahora protesta porque dice tener panza. Se queja de que le falta ropa y también de que el placard le quedó chico y no entra nada. Se queja de una perra malcriada que rompe cosas. Se queja de los precios. Se queja de un novio que escucha música que no le gusta, que no cocina, que no ayuda y deja todo tirado. Se queja del tráfico, de la inseguridad y de la inflación. Se queja de un padre negativo, de no poder cambiar el auto y de tener granitos.
Ahora la quejosa se queja de ser quejosa.
Ya no tiene ganas de ver el mundo así.
La quejosa tiene ganas de ver que comida nunca le falta y las cuentas están siempre pagas. Que si no se recibió es tiempo de ponerse a estudiar. Quiere pensar que cuando pueda (porque algún día podrá) hará esa dichosa fiesta. Quiere darse cuenta que los rollitos son sexies y que el placard está ocupado en un 80% por sus cosas. Que tiene un ser que la ama, y que si rompe cosas es por la edad. Quiere recordar que su vida no era así de hermosa sin ella. La quejosa ahora piensa que se queje o no los precios aumentan, el tráfico seguirá siendo un caos, la inseguridad no depende de ella y la inflación es cuestión de costumbre. Quejarse de un novio imperfecto ya no le sirve, porque de no tenerlo se quejaría peor, porque la ama y la cuida y entiende que lo demás se acomoda. Entiende ahora que al padre no lo puede cambiar, y es mejor disfrutarlo mientras lo tenga y apagar los oídos cuando escuche boludeces. Se dio cuenta que si pudiera cambiar el auto hoy, no lo haría y se conforma con tenerlo limpio. Y de los granitos es mejor hacerse amiga y comprar una buena base.
La quejosa no quiere dejar de ser quejosa para ser conformista. La quejosa quiere terminar de abrir los ojos para contemplar lo que tiene, que no es tan poco. Deleitarse con su suerte, que es mucha. Con el esfuerzo empleado y el sacrificio, con lo conseguido hasta aquí y lo mucho que vendrá.
Ver que hay personas con verdaderos sufrimientos la hace sentirse una pulga malagradecida. Tanto dolor en el mundo y ella protestando gratis.
Hoy la quejosa no se siente conformista, se siente agradecida. Se acerca a su perra, se deja lengüetear la cara y la mira enamorada.
No es malhumorada, es simpática y de sonrisa fácil, pero se queja. Se queja de no llegar a fin de mes, se queja de no tener todo, de un trabajo mal pago, de un título en stand by. Se queja de no tener dinero para darles de comer y beber a 100 personas una sola noche, de no poder sacar fotitos, de no poder ponerse un vestido blanco y firmar un papel. Se quejaba de estar muy flaca y ahora protesta porque dice tener panza. Se queja de que le falta ropa y también de que el placard le quedó chico y no entra nada. Se queja de una perra malcriada que rompe cosas. Se queja de los precios. Se queja de un novio que escucha música que no le gusta, que no cocina, que no ayuda y deja todo tirado. Se queja del tráfico, de la inseguridad y de la inflación. Se queja de un padre negativo, de no poder cambiar el auto y de tener granitos.
Ahora la quejosa se queja de ser quejosa.
Ya no tiene ganas de ver el mundo así.
La quejosa tiene ganas de ver que comida nunca le falta y las cuentas están siempre pagas. Que si no se recibió es tiempo de ponerse a estudiar. Quiere pensar que cuando pueda (porque algún día podrá) hará esa dichosa fiesta. Quiere darse cuenta que los rollitos son sexies y que el placard está ocupado en un 80% por sus cosas. Que tiene un ser que la ama, y que si rompe cosas es por la edad. Quiere recordar que su vida no era así de hermosa sin ella. La quejosa ahora piensa que se queje o no los precios aumentan, el tráfico seguirá siendo un caos, la inseguridad no depende de ella y la inflación es cuestión de costumbre. Quejarse de un novio imperfecto ya no le sirve, porque de no tenerlo se quejaría peor, porque la ama y la cuida y entiende que lo demás se acomoda. Entiende ahora que al padre no lo puede cambiar, y es mejor disfrutarlo mientras lo tenga y apagar los oídos cuando escuche boludeces. Se dio cuenta que si pudiera cambiar el auto hoy, no lo haría y se conforma con tenerlo limpio. Y de los granitos es mejor hacerse amiga y comprar una buena base.
La quejosa no quiere dejar de ser quejosa para ser conformista. La quejosa quiere terminar de abrir los ojos para contemplar lo que tiene, que no es tan poco. Deleitarse con su suerte, que es mucha. Con el esfuerzo empleado y el sacrificio, con lo conseguido hasta aquí y lo mucho que vendrá.
Ver que hay personas con verdaderos sufrimientos la hace sentirse una pulga malagradecida. Tanto dolor en el mundo y ella protestando gratis.
Hoy la quejosa no se siente conformista, se siente agradecida. Se acerca a su perra, se deja lengüetear la cara y la mira enamorada.
jueves, 8 de julio de 2010
Abandono
Dicho a los gritos por
Ela
El hombre con quien compartí las últimas dos semanas se acaba de ir. Me dejó sucia y sola. Y encima tuve que pagarle.
Decí que canalizo limpiando, porque sino, me sentiría abandonada...
Lo voy a extrañar, querido electricista!!!
Decí que canalizo limpiando, porque sino, me sentiría abandonada...
Lo voy a extrañar, querido electricista!!!
lunes, 5 de julio de 2010
Estimado vecino:
Dicho a los gritos por
Ela
Por intermedio de la presente le comunico que, previa conversación con la administración, me fue informado que los horarios de descanso son de 13:00 a 17:00 y de 22:00 a 8:00, estando el resto de las horas habilitadas para la construcción y sus consecuentes ruidos molestos.
Así que la próxima vez que interrumpas el horario de mi electricista con la excusa berreta que laburas de noche y dormís hasta el mediodía te rompo la puerta a patadas, pongo heavy metal a las 2 de la madrugada y te rayo el coche.
Queda debidamente notificado.
Archívese.
Así que la próxima vez que interrumpas el horario de mi electricista con la excusa berreta que laburas de noche y dormís hasta el mediodía te rompo la puerta a patadas, pongo heavy metal a las 2 de la madrugada y te rayo el coche.
Queda debidamente notificado.
Archívese.
jueves, 1 de julio de 2010
Un manojo de nervios al borde del colapso
Dicho a los gritos por
Ela
[Notará, estimado lector, que el presente texto está desprovisto de humor, risas y simpatía. Por el contrario, forma parte de mi descargo por que si no me enojo lloro y si lloro me hincho.]
Tengo la casa cubierta de escombros. Un amable señor está destruyendo mis paredes de a poquito con el objetivo de a) poner más tomas b) cambiar los cables y c) salvarme de que un día se prenda fuego todo y me quede sin casa y sin electrodomésticos. La parte mala, además de la mugre, es que debo pagar por esto. Lo irónico, es que con el stress que tengo encima ando “enchufada a 220”. Cuak.
Según este estimadísimo señor, el trabajo estará terminado para el martes de la semana entrante. Mientras tanto, mis finales esperan dentro de mi mac hasta el día que pueda volver a enchufarla, y si tengo suerte se prenderá… Se debería prender la compu y mi lamparita de las buenas ideas de último momento porque soy una enferma que labura mejor bajo presión!!!
Por otro lado, hace dos semanas que estoy sola en la oficina. Al margen de tener mucho laburo, y eso no es novedad, aparentemente todas las sucursales se complotaron para reclamarle a esta personita cosas que (mmm es evidente, pero igual lo digo) cosas de las que usualmente no me encargo y (siguiendo con las obviedades) NO TENGO IDEA!!!
Para retribuirme gentilmente las exigencias recibidas, desde siempre, pero en especial en estos últimos días, la empresa decidió premiarme con el privilegio de depositarme el sueldo una semana más tarde de lo habitual. Aplausos, subo al podio y agradezco. Lagrimeo. Y por supuesto, me hace ruido la panza. Básicamente debe ser porque tengo la heladera vacía. Gracias eh...
Y como broche de oro Charly esta insoportable. Quejoso, rompe huevos y malhumorado. Y mi horno no está para bollos.
LO MATO, LO MATO, NO LO BANCO MAS. Me separo, les juro que una semana más asi y le armo el bolso. [él tampoco cobró. shit.]
Tengo la casa cubierta de escombros. Un amable señor está destruyendo mis paredes de a poquito con el objetivo de a) poner más tomas b) cambiar los cables y c) salvarme de que un día se prenda fuego todo y me quede sin casa y sin electrodomésticos. La parte mala, además de la mugre, es que debo pagar por esto. Lo irónico, es que con el stress que tengo encima ando “enchufada a 220”. Cuak.
Según este estimadísimo señor, el trabajo estará terminado para el martes de la semana entrante. Mientras tanto, mis finales esperan dentro de mi mac hasta el día que pueda volver a enchufarla, y si tengo suerte se prenderá… Se debería prender la compu y mi lamparita de las buenas ideas de último momento porque soy una enferma que labura mejor bajo presión!!!
Por otro lado, hace dos semanas que estoy sola en la oficina. Al margen de tener mucho laburo, y eso no es novedad, aparentemente todas las sucursales se complotaron para reclamarle a esta personita cosas que (mmm es evidente, pero igual lo digo) cosas de las que usualmente no me encargo y (siguiendo con las obviedades) NO TENGO IDEA!!!
Para retribuirme gentilmente las exigencias recibidas, desde siempre, pero en especial en estos últimos días, la empresa decidió premiarme con el privilegio de depositarme el sueldo una semana más tarde de lo habitual. Aplausos, subo al podio y agradezco. Lagrimeo. Y por supuesto, me hace ruido la panza. Básicamente debe ser porque tengo la heladera vacía. Gracias eh...
Y como broche de oro Charly esta insoportable. Quejoso, rompe huevos y malhumorado. Y mi horno no está para bollos.
LO MATO, LO MATO, NO LO BANCO MAS. Me separo, les juro que una semana más asi y le armo el bolso. [él tampoco cobró. shit.]
jueves, 24 de junio de 2010
Con que poco me hace feliz
Dicho a los gritos por
Ela
Justo justo cuando tengo ganas de empujarlo por el balcón, ahogarlo con la almohada o sacarle los ojos con un sacacorcho Charly comete el maravilloso acto de complacerme.
Yo, en coma (y en cama) por una fucking gripe, le pido que vaya a comprar a los chinos. La listita incluía jabón, sin mayores especificaciones. Y el amor de mi vida tuvo el buen tino de comprar jabón de glicerina rojo (para que combine con el baño)
I just love him
Yo, en coma (y en cama) por una fucking gripe, le pido que vaya a comprar a los chinos. La listita incluía jabón, sin mayores especificaciones. Y el amor de mi vida tuvo el buen tino de comprar jabón de glicerina rojo (para que combine con el baño)
I just love him
lunes, 7 de junio de 2010
Así No!
Dicho a los gritos por
Ela
A mi no me molesta limpiar. De hecho tengo una pequeña rutina cuando limpio. Me gusta hacerlo sola, con música y por más que se me arruinen las manos disfruto luego de ver la casa reluciente. Comprenderán que lo de reluciente con Mía dura poco, pero ya estoy acostumbrada y no lloro más cuando encuentro pelos en el sillón.
Ahora, de ahí a terminar de limpiar la casa, irme al cine con las chicas y volver 4 horas después para encontrarla patas para arriba, todo sucio, cosas tiradas por todos lados y lleno de pelos es demasiado.
Encima los pelos no eran de Mía, sino de Charly, que me recibió con la noticia que intentó cortarse el pelo y no pudo, así que yo debía arreglar el desastre de su cabeza. Por supuesto que mi corte no le gustó y recibí insultos mientras se sacudía repartiendo más y más pelos por doquier.
El baño quedó impresentable.
Y como broche de oro, se rompió un caño.
Chicos, así no!
Como diría la Chiqui: así no!!!
Ahora, de ahí a terminar de limpiar la casa, irme al cine con las chicas y volver 4 horas después para encontrarla patas para arriba, todo sucio, cosas tiradas por todos lados y lleno de pelos es demasiado.
Encima los pelos no eran de Mía, sino de Charly, que me recibió con la noticia que intentó cortarse el pelo y no pudo, así que yo debía arreglar el desastre de su cabeza. Por supuesto que mi corte no le gustó y recibí insultos mientras se sacudía repartiendo más y más pelos por doquier.
El baño quedó impresentable.
Y como broche de oro, se rompió un caño.
Chicos, así no!
Como diría la Chiqui: así no!!!
lunes, 31 de mayo de 2010
Cómo eludí mi bajón dominguero
Dicho a los gritos por
Ela
En este fin de semana extrañamente corto y encima medio lluvioso (medio porque llovió la mitad del finde, je!) me pintó el bajón dominguero que hacía rato no aparecía. Pero de rebelde nomás vino a hacerse presente el sábado. [Y claro, la piba se encerró a comer y dormir, así cualquiera se bajonea]
Para contrarrestar semejante depre, el domingo por la tarde (considerando que si el sábado fui una morsa llorona, cuanto más sería el domingo al atardecer), me fui con mi vieja de shopping. Entendamos el término shopping como irse de compras ya que detesto soberanamente los centros comerciales. Lugares cerrados, llenos de gente, plagados de infantes ajenos y donde para colmo de males no se puede fumar. Eso para mi no es paseo. Y ni hablar de los precios…
Decía, me fui de compras. Pero esta vez lo que quise vestir fue mi casa.
Así que tarjeta CMR en mano, la hice mierda en Falabella Home.
Ya se que Falabella es una especie de shopping, pero la previa caminando por Florida, viendo como los puesteros intentan violar las billeteras de los turistas plagadas de dólares y paseando por una peatonal con música en vivo para mi es un placer.
Y ahí estaba yo, con mi progenitora a diestra (y a veces a siniestra), queriendo comprarme todo. Pero como todo no se puede, me traje un hermoso plumón de dos plazas, con almohadoncitos haciendo juego, y de paso cañazo cambié las almohadas también. Y de souvenir nomás sumé a la canastita unos ganchitos para la cortina del baño (que desde que lo redecoré los anteriores no me combinaban mucho que digamos).
Llegué a casa, feliz, como toda mujer cuando viene cargada de bolsas y los sueños consumistas hechos realidad!
Por supuesto que un día tan maravilloso no podía terminarlo encerrada en la cocina, así que Charly pidió una grande de muzza, y ni siquiera lavé los platos!
Qué se le va a hacer? Soy un ser consumista, pero que bien dormimos anoche sumergidos entre las plumitas…
Para contrarrestar semejante depre, el domingo por la tarde (considerando que si el sábado fui una morsa llorona, cuanto más sería el domingo al atardecer), me fui con mi vieja de shopping. Entendamos el término shopping como irse de compras ya que detesto soberanamente los centros comerciales. Lugares cerrados, llenos de gente, plagados de infantes ajenos y donde para colmo de males no se puede fumar. Eso para mi no es paseo. Y ni hablar de los precios…
Decía, me fui de compras. Pero esta vez lo que quise vestir fue mi casa.
Así que tarjeta CMR en mano, la hice mierda en Falabella Home.
Ya se que Falabella es una especie de shopping, pero la previa caminando por Florida, viendo como los puesteros intentan violar las billeteras de los turistas plagadas de dólares y paseando por una peatonal con música en vivo para mi es un placer.
Y ahí estaba yo, con mi progenitora a diestra (y a veces a siniestra), queriendo comprarme todo. Pero como todo no se puede, me traje un hermoso plumón de dos plazas, con almohadoncitos haciendo juego, y de paso cañazo cambié las almohadas también. Y de souvenir nomás sumé a la canastita unos ganchitos para la cortina del baño (que desde que lo redecoré los anteriores no me combinaban mucho que digamos).
Llegué a casa, feliz, como toda mujer cuando viene cargada de bolsas y los sueños consumistas hechos realidad!
Por supuesto que un día tan maravilloso no podía terminarlo encerrada en la cocina, así que Charly pidió una grande de muzza, y ni siquiera lavé los platos!
Qué se le va a hacer? Soy un ser consumista, pero que bien dormimos anoche sumergidos entre las plumitas…
martes, 11 de mayo de 2010
Home sweet home IV
Dicho a los gritos por
Ela
(…)
Siempre me pasa que de los momentos más determinantes de mi vida recuerdo poco. Es como si lo que pasara ese o esos días se borrara fácilmente con el tiempo. Con poco tiempo… Me pasó con mi cumpleaños de 15, con lo acontecido el día del accidente de mi vieja (otro capítulo de mi vida del cual aun no me animo a hablar) y por supuesto con el día de mi mudanza.
Recuerdo los últimos mates de desayuno con mi vieja, ultimando detalles y cerrando cajas mientras esperaba a las chicas. Isa llego puntual, pero Lina estaba un poco retrasada. Con un mensaje se disculpó y dijo que iría directo al departamento.
Mis viejos, Isa y yo cargamos todos los bártulos que cupieron en el auto y partimos. Hicimos dos viajes y para cuando teníamos todo acá llegaron Lina y Charly, el segundo con una mala noticia: le habían robado la moto.
En el momento repartí puteadas a los 4 vientos, por el robo en si y por esa maldita noticia que cagaba mi día, pero Charly me dijo que no me preocupe y a fin de cuentas soy de las que creen que todo pasa por algo. Pensé que si robaron la moto fue porque era preferible no tenerla a lamentar algún accidente. Charly cree que es un pensamiento conformista, pero soy una persona de fe y así lo siento.
---------
El depto estaba lleno de cajas y con las chicas nos pusimos a vaciarlas y encontrarle un lugar a cada objeto. Ordenar lo mejor posible nos tomó toda la mañana, luego comimos unas pizzetas, limpiamos puertas, vidrios, pisos, alfombra. Charly mientras tanto se encargaba de enchufar la tele, conectar el home a la tele, conectar la compu con el monitor, y demás etcéteras masculinas.
A primera hora de la tarde dábamos por terminado el laburo grueso y las chicas se fueron, extenuadas. Nosotros nos dormimos una siesta con el sol que entraba por la ventana del cuarto. Estábamos tan cansados que no nos dieron las fuerzas para estrenar el sommier. Al menos en ese momento…
Cuando nos despertamos estaba cayendo el sol. Di unas vueltas por mi nueva casa reconociendo los espacios a penas ocupados, con pocos muebles, tan vacío, tan nuevo. Vía paredes e imaginaba colores. Blanco, quiero pintar de blanco. Tomaba medidas para los muebles que algún día tendría. Chary quiere un futón, pero yo prefiero un sillón blanco… Armé y desarmé mentalmente mis cubos de colores buscando formas prácticas en donde poner mis cosas, y decidí de que color repintarlos. Miré el ventanal del living imaginando cortinas y vi un poco más allá. Salí al balcón y me quedé mirando ese cielo que escondía de a poco al sol, pintado de violeta, rojo, naranja y amarillo y que me daba la bienvenida a mi nueva vida. Y me sentí feliz, de verdad…

Out of record:
Al otro día tuvimos que comprar una agujereadora porque mi padre nunca encontró la suya, para que Charly me coloque la alacena y haga varios agujeros por toda la casa. Tuve que pasar por lo de mis viejos a buscar algo para cambiarme, ya que a falta de placard no había mudado mi ropa. Después metí todo en 3 sabanas y lleve la ropa, prefería buscar entre ropa arrugada a volver a tener que ponerme la misma ropa usada el día anterior. El lunes la gente retomó su vida normal, pero yo seguía limpiando y acomodando cosas. Cuando llegó mi placard empezó el verdadero trabajo de meter semejante cantidad de ropa dentro suyo. Por suerte, cerca del mediodía, Cablevisión se dignó a aparecer, instalándome cable e internet, y pude por fin tirarme en la cama a comer porquerías y mirar la tele.
Con el tiempo mi casa fue tomando un poco más de forma. Mandamos a hacer cortinas, conseguimos una segunda tele, amoblamos del todo el cuarto y compramos un futón (si, ganó Charly, y si, todavía estoy a las puteadas). Recientemente compramos un juego de comedor y esta semana cambiaremos la alfombra del cuarto. Todo a pulmón, llorando los últimos 25 días del mes, pero se puede, se consigue. Cuesta? Eso seguro, porque la tarjeta de crédito no tiene cuotas de zapatos y carteras como solía tener, sino el aire acondicionado, la aspiradora y la compra del super. Pero créanme, una vez superado los primeros dos meses frustrados por no poder comprar ni una bombacha, la visión se aclara y vale la pena.
Siempre me pasa que de los momentos más determinantes de mi vida recuerdo poco. Es como si lo que pasara ese o esos días se borrara fácilmente con el tiempo. Con poco tiempo… Me pasó con mi cumpleaños de 15, con lo acontecido el día del accidente de mi vieja (otro capítulo de mi vida del cual aun no me animo a hablar) y por supuesto con el día de mi mudanza.
Recuerdo los últimos mates de desayuno con mi vieja, ultimando detalles y cerrando cajas mientras esperaba a las chicas. Isa llego puntual, pero Lina estaba un poco retrasada. Con un mensaje se disculpó y dijo que iría directo al departamento.
Mis viejos, Isa y yo cargamos todos los bártulos que cupieron en el auto y partimos. Hicimos dos viajes y para cuando teníamos todo acá llegaron Lina y Charly, el segundo con una mala noticia: le habían robado la moto.
En el momento repartí puteadas a los 4 vientos, por el robo en si y por esa maldita noticia que cagaba mi día, pero Charly me dijo que no me preocupe y a fin de cuentas soy de las que creen que todo pasa por algo. Pensé que si robaron la moto fue porque era preferible no tenerla a lamentar algún accidente. Charly cree que es un pensamiento conformista, pero soy una persona de fe y así lo siento.
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El depto estaba lleno de cajas y con las chicas nos pusimos a vaciarlas y encontrarle un lugar a cada objeto. Ordenar lo mejor posible nos tomó toda la mañana, luego comimos unas pizzetas, limpiamos puertas, vidrios, pisos, alfombra. Charly mientras tanto se encargaba de enchufar la tele, conectar el home a la tele, conectar la compu con el monitor, y demás etcéteras masculinas.
A primera hora de la tarde dábamos por terminado el laburo grueso y las chicas se fueron, extenuadas. Nosotros nos dormimos una siesta con el sol que entraba por la ventana del cuarto. Estábamos tan cansados que no nos dieron las fuerzas para estrenar el sommier. Al menos en ese momento…
Cuando nos despertamos estaba cayendo el sol. Di unas vueltas por mi nueva casa reconociendo los espacios a penas ocupados, con pocos muebles, tan vacío, tan nuevo. Vía paredes e imaginaba colores. Blanco, quiero pintar de blanco. Tomaba medidas para los muebles que algún día tendría. Chary quiere un futón, pero yo prefiero un sillón blanco… Armé y desarmé mentalmente mis cubos de colores buscando formas prácticas en donde poner mis cosas, y decidí de que color repintarlos. Miré el ventanal del living imaginando cortinas y vi un poco más allá. Salí al balcón y me quedé mirando ese cielo que escondía de a poco al sol, pintado de violeta, rojo, naranja y amarillo y que me daba la bienvenida a mi nueva vida. Y me sentí feliz, de verdad…

Out of record:
Al otro día tuvimos que comprar una agujereadora porque mi padre nunca encontró la suya, para que Charly me coloque la alacena y haga varios agujeros por toda la casa. Tuve que pasar por lo de mis viejos a buscar algo para cambiarme, ya que a falta de placard no había mudado mi ropa. Después metí todo en 3 sabanas y lleve la ropa, prefería buscar entre ropa arrugada a volver a tener que ponerme la misma ropa usada el día anterior. El lunes la gente retomó su vida normal, pero yo seguía limpiando y acomodando cosas. Cuando llegó mi placard empezó el verdadero trabajo de meter semejante cantidad de ropa dentro suyo. Por suerte, cerca del mediodía, Cablevisión se dignó a aparecer, instalándome cable e internet, y pude por fin tirarme en la cama a comer porquerías y mirar la tele.
Con el tiempo mi casa fue tomando un poco más de forma. Mandamos a hacer cortinas, conseguimos una segunda tele, amoblamos del todo el cuarto y compramos un futón (si, ganó Charly, y si, todavía estoy a las puteadas). Recientemente compramos un juego de comedor y esta semana cambiaremos la alfombra del cuarto. Todo a pulmón, llorando los últimos 25 días del mes, pero se puede, se consigue. Cuesta? Eso seguro, porque la tarjeta de crédito no tiene cuotas de zapatos y carteras como solía tener, sino el aire acondicionado, la aspiradora y la compra del super. Pero créanme, una vez superado los primeros dos meses frustrados por no poder comprar ni una bombacha, la visión se aclara y vale la pena.
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jueves, 6 de mayo de 2010
Home sweet home III
Dicho a los gritos por
Ela
(…)
Ese viernes 24 de abril me fui a dormir después de hablar por teléfono con Charly con la satisfacción de saber que las noches bajo el techo paterno tenían los días contados.
El sábado llevé a Charly a conocer mi futura casa. Llevamos con nosotros desde la casa de mi vieja las cosas que pudimos soportar. Entre ellas la batería de cocina. Yo me tomé el colectivo llena de bultos y Charly llevó tres pavaditas en una mochila y fue en la moto. Esos también eran los últimos días de la moto entre nosotros, que en paz descanse…
Dimos unas vueltas por el barrio y descubrimos un Coto, donde compramos para hacer unas hamburguesas, su correspondiente pan, un salero, un aceite (para curar las ollas), una bebida bien fría y un tomate. Todo sumamente medido para desperdiciar lo menos posible, ya que todavía no teníamos heladera.
Almorzamos sentados en el piso, tomando de Sprite del pico y cuando quise lavar los platos tuve que salir a comprar una Scotch Brite y detergente. No había mucho más por hacer. Igualmente me tomé unos minutos para disfrutar toda la luz y todo el sol que invadía mi living. Me sentía plena. Me resistía a volver a mi casa, pero unos apuntes me gritaban desde mi cuarto de hija que vaya a estudiarlos urgente! Y fui.
----
Quería mudarme lo antes posible, así que esa tarde agarré todos los presupuestos de sommier que había recolectado en los últimos dos meses y seleccioné dos (siempre hay que tener un plan b). Mi vieja se ofreció a comprarme el placard y esa misma tarde fuimos a averiguar el precio del que yo quería.
Tenía por delante una semana cortita, el viernes era feriado por el día del trabajador y había designado ese día para la mudanza.
Tendría que haber esperado unos días más. A la distancia lo entiendo así. Debería haber contratado a alguien que limpie en profundidad mientras estaba vacío y no hacerlo yo misma con todos los bártulos en el medio. Debería haber pintado también. Pero no me importaba nada. Quería huir con urgencia de mi papá, del malestar constante que sentía en esa casa, del dolor de panza y de las jaquecas. De su voz, sus gritos, su presencia.
Histérica pero inteligente, me ocupé de esos días esconder mi descontento, no vaya a ser cosa que no me quiera ayudar con la mudanza…
El domingo señamos el placard y quedaron en entregarlo al lunes siguiente, por lo que tuve que pedirme franco por mudanza y aproveché mis contactos para coordinar con cablevisión la instalación de cable e Internet para ese lunes.
La compra de la heladera fue una odisea. No es necesario mencionar que la que me gustaba realmente superaba las 4 lucas, y como eso siempre estuvo fuera de mi alcance no me quedó opción que escoger otra. Averiguar marcas y modelos lo había hecho con meses de anterioridad. Tardé, pero me decidí por una. Cuando fui a buscarla no había más. Elegí otra, pero tampoco. Ok, otra, mmm no, tampoco. Ese miércoles estaba a punto de colapsar y resignarme a vivir sin heladera por un tiempo (ni alcoholizada resignaba la mudanza, prefería comer yogurt con moho) pero me pegué el faltazo a la facultad y fui con Charly a Carrefour por novena vez.
Hora y media parados como dos postes esperando solo para que nos digan que no tenían, pero que nos demos una vueltita por la sucursal de Av. San Juan. Miramos la hora y eran 9 y media. Ma´si, vamos. Y fuimos.
Valió la pena que casi nos cierren la puerta en las narices, porque mágicamente habían recibido. Tarjeta va, tarjeta viene, garantía extendida, horario de entrega. Estaría en mi nueva cocina al otro día por la tarde.
Le tocó a mi suegra pasar la mañana del jueves esperando el sommier y de esta forma dejar asentado su primer y único favor hacia mi persona. Pero fui generosa, porque llevé la mesa con las sillas y un par de revistas de chimentos para que esté un poco más cómoda. Cuando terminó mi jornada laboral fui corriendo a saltar en mi cama nueva mientras esperaba llegada de la heladera…
Cerca de las 21 horas del jueves 30 de abril cerré la puerta de aquel departamento prácticamente vacío y volvería a abrirla al otro día para convertirlo en mi hogar.
(…)
Ese viernes 24 de abril me fui a dormir después de hablar por teléfono con Charly con la satisfacción de saber que las noches bajo el techo paterno tenían los días contados.
El sábado llevé a Charly a conocer mi futura casa. Llevamos con nosotros desde la casa de mi vieja las cosas que pudimos soportar. Entre ellas la batería de cocina. Yo me tomé el colectivo llena de bultos y Charly llevó tres pavaditas en una mochila y fue en la moto. Esos también eran los últimos días de la moto entre nosotros, que en paz descanse…
Dimos unas vueltas por el barrio y descubrimos un Coto, donde compramos para hacer unas hamburguesas, su correspondiente pan, un salero, un aceite (para curar las ollas), una bebida bien fría y un tomate. Todo sumamente medido para desperdiciar lo menos posible, ya que todavía no teníamos heladera.
Almorzamos sentados en el piso, tomando de Sprite del pico y cuando quise lavar los platos tuve que salir a comprar una Scotch Brite y detergente. No había mucho más por hacer. Igualmente me tomé unos minutos para disfrutar toda la luz y todo el sol que invadía mi living. Me sentía plena. Me resistía a volver a mi casa, pero unos apuntes me gritaban desde mi cuarto de hija que vaya a estudiarlos urgente! Y fui.
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Quería mudarme lo antes posible, así que esa tarde agarré todos los presupuestos de sommier que había recolectado en los últimos dos meses y seleccioné dos (siempre hay que tener un plan b). Mi vieja se ofreció a comprarme el placard y esa misma tarde fuimos a averiguar el precio del que yo quería.
Tenía por delante una semana cortita, el viernes era feriado por el día del trabajador y había designado ese día para la mudanza.
Tendría que haber esperado unos días más. A la distancia lo entiendo así. Debería haber contratado a alguien que limpie en profundidad mientras estaba vacío y no hacerlo yo misma con todos los bártulos en el medio. Debería haber pintado también. Pero no me importaba nada. Quería huir con urgencia de mi papá, del malestar constante que sentía en esa casa, del dolor de panza y de las jaquecas. De su voz, sus gritos, su presencia.
Histérica pero inteligente, me ocupé de esos días esconder mi descontento, no vaya a ser cosa que no me quiera ayudar con la mudanza…
El domingo señamos el placard y quedaron en entregarlo al lunes siguiente, por lo que tuve que pedirme franco por mudanza y aproveché mis contactos para coordinar con cablevisión la instalación de cable e Internet para ese lunes.
La compra de la heladera fue una odisea. No es necesario mencionar que la que me gustaba realmente superaba las 4 lucas, y como eso siempre estuvo fuera de mi alcance no me quedó opción que escoger otra. Averiguar marcas y modelos lo había hecho con meses de anterioridad. Tardé, pero me decidí por una. Cuando fui a buscarla no había más. Elegí otra, pero tampoco. Ok, otra, mmm no, tampoco. Ese miércoles estaba a punto de colapsar y resignarme a vivir sin heladera por un tiempo (ni alcoholizada resignaba la mudanza, prefería comer yogurt con moho) pero me pegué el faltazo a la facultad y fui con Charly a Carrefour por novena vez.
Hora y media parados como dos postes esperando solo para que nos digan que no tenían, pero que nos demos una vueltita por la sucursal de Av. San Juan. Miramos la hora y eran 9 y media. Ma´si, vamos. Y fuimos.
Valió la pena que casi nos cierren la puerta en las narices, porque mágicamente habían recibido. Tarjeta va, tarjeta viene, garantía extendida, horario de entrega. Estaría en mi nueva cocina al otro día por la tarde.
Le tocó a mi suegra pasar la mañana del jueves esperando el sommier y de esta forma dejar asentado su primer y único favor hacia mi persona. Pero fui generosa, porque llevé la mesa con las sillas y un par de revistas de chimentos para que esté un poco más cómoda. Cuando terminó mi jornada laboral fui corriendo a saltar en mi cama nueva mientras esperaba llegada de la heladera…
Cerca de las 21 horas del jueves 30 de abril cerré la puerta de aquel departamento prácticamente vacío y volvería a abrirla al otro día para convertirlo en mi hogar.
(…)
viernes, 30 de abril de 2010
Home sweet home II
Dicho a los gritos por
Ela
(…)
Recorrimos esas cuadras despacio y con balizas llevando el escritorio en el porta equipaje del auto. Estaba ansiosa, inquieta, quería llegar. Mi abuela estaba acelerada, como siempre y mi viejo con su mal humor natural. Ya era de noche y me dió pena saber que no podría verlo con luz de día.
Estacionamos y bajamos el escritorio. Todo parecía demorar más de lo normal. Insisto, estaba ansiosa. Cerrar el coche, abrir la puerta, esperar el ascensor, los segundos eran de chicle.
La cuadra me dio un poco de miedo. Ya estaba oscuro y a decir verdad mudarme sola, vivir sola, me daba miedo, pero me resultó bella, simple, casas bajas algunos duplex, bastante arbolada… El hall de entrada me pareció grande, limpio y moderno; había sido refaccionado recientemente.
Entramos al ascensor y marcamos el numero 3. Descubrí que solo había 8 pisos, vaya uno a saber por qué siempre supuse que eran más…
Al bajar del ascensor y encontrarme en el pasillo no supe para donde ir, por lo que seguí los pasos de mi abuela. Ella tiene mejor memoria y había estado ahí esa misma tarde. Al final del pasillo una puerta de madera decorada únicamente con una E de metal se presentaba ante mi como la apertura a una nueva vida.
No se como expresar lo que sentí cuando la puerta se abrió. Me hubiera gustado estar sola para disfrutar de ese momento de silencio conmigo misma, pero mi árbol genealógico me acompañaba. Del departamento recordaba poco, hacía 2 años que no lo veía. Me pareció más grande que el de mi imagen mental y supuse (y estuve en lo cierto) que era muy luminoso. Si no hubiera sido por el olor a perro que había, la imagen hubiera sido perfecta. Eso me devolvió un poco a la realidad, cerre la puerta tras de mi y me dedique a inspeccionarlo.
Lo recorrí completo.
Que amplio es el living pero el piso es feo, no me gusta. Voy a necesitar muchos muebles para llenarlo. Vos decís que el futón que vimos ira bien acá? Hay que medir… Mmm falta pintura, pero bueno, ahora no tengo un mango. Si, pa, poné el escritorio en aquel rincón, qué se yo dónde va a quedar, después pienso. A ver el balcón... Uy que lindo, y mira pa, tengo vista al jardín, que hermosos árboles! Y la cocina, que chiquita! Bue, comparada con la de mamá cualquiera es chica, no? Ah pero tiene lavadero, no me acordaba, che que grande que es!!! Mirá el baño vieji. Es simple, pero tiene todo lo necesario. Con un vanitory y una linda cortina estoy hecha. Esta será mi habitación, bah, es la única que hay… Ah viene de esta alfombra el olor a perro, voy a tener que lavarla. Si abuela, algún día cambiaré todo el piso pero por ahora me conformo con lavarla. Así que tenían un perro viejito? Pobrecito. Yo también voy a tener uno… Tengo que medir a ver si el placard que vimos entra bien, ah vos mediste ya? Joya. Que buen ventanal, necesita cortinas hasta el piso. Blancas, abuela, en el cuarto todo blanco! Cómo, ya nos vamos? Un rato más… Vayan, yo me quedo. Uh bueno, bueno, ahí voy, pero dejame las llaves que mañana a primera hora estoy acá.
(…)
Recorrimos esas cuadras despacio y con balizas llevando el escritorio en el porta equipaje del auto. Estaba ansiosa, inquieta, quería llegar. Mi abuela estaba acelerada, como siempre y mi viejo con su mal humor natural. Ya era de noche y me dió pena saber que no podría verlo con luz de día.
Estacionamos y bajamos el escritorio. Todo parecía demorar más de lo normal. Insisto, estaba ansiosa. Cerrar el coche, abrir la puerta, esperar el ascensor, los segundos eran de chicle.
La cuadra me dio un poco de miedo. Ya estaba oscuro y a decir verdad mudarme sola, vivir sola, me daba miedo, pero me resultó bella, simple, casas bajas algunos duplex, bastante arbolada… El hall de entrada me pareció grande, limpio y moderno; había sido refaccionado recientemente.
Entramos al ascensor y marcamos el numero 3. Descubrí que solo había 8 pisos, vaya uno a saber por qué siempre supuse que eran más…
Al bajar del ascensor y encontrarme en el pasillo no supe para donde ir, por lo que seguí los pasos de mi abuela. Ella tiene mejor memoria y había estado ahí esa misma tarde. Al final del pasillo una puerta de madera decorada únicamente con una E de metal se presentaba ante mi como la apertura a una nueva vida.
No se como expresar lo que sentí cuando la puerta se abrió. Me hubiera gustado estar sola para disfrutar de ese momento de silencio conmigo misma, pero mi árbol genealógico me acompañaba. Del departamento recordaba poco, hacía 2 años que no lo veía. Me pareció más grande que el de mi imagen mental y supuse (y estuve en lo cierto) que era muy luminoso. Si no hubiera sido por el olor a perro que había, la imagen hubiera sido perfecta. Eso me devolvió un poco a la realidad, cerre la puerta tras de mi y me dedique a inspeccionarlo.
Lo recorrí completo.
Que amplio es el living pero el piso es feo, no me gusta. Voy a necesitar muchos muebles para llenarlo. Vos decís que el futón que vimos ira bien acá? Hay que medir… Mmm falta pintura, pero bueno, ahora no tengo un mango. Si, pa, poné el escritorio en aquel rincón, qué se yo dónde va a quedar, después pienso. A ver el balcón... Uy que lindo, y mira pa, tengo vista al jardín, que hermosos árboles! Y la cocina, que chiquita! Bue, comparada con la de mamá cualquiera es chica, no? Ah pero tiene lavadero, no me acordaba, che que grande que es!!! Mirá el baño vieji. Es simple, pero tiene todo lo necesario. Con un vanitory y una linda cortina estoy hecha. Esta será mi habitación, bah, es la única que hay… Ah viene de esta alfombra el olor a perro, voy a tener que lavarla. Si abuela, algún día cambiaré todo el piso pero por ahora me conformo con lavarla. Así que tenían un perro viejito? Pobrecito. Yo también voy a tener uno… Tengo que medir a ver si el placard que vimos entra bien, ah vos mediste ya? Joya. Que buen ventanal, necesita cortinas hasta el piso. Blancas, abuela, en el cuarto todo blanco! Cómo, ya nos vamos? Un rato más… Vayan, yo me quedo. Uh bueno, bueno, ahí voy, pero dejame las llaves que mañana a primera hora estoy acá.
(…)
jueves, 29 de abril de 2010
Home Sweet Home I
Dicho a los gritos por
Ela
La situación era insostenible. No daba para más. No veía la hora de tener mi casa, de tener un lugar a donde quisiera llegar, a donde me gustara pasar el tiempo, rodeada de mis cosas y regida por mis reglas.
Ese lugar estaba. Existía. Me esperaba. O mejor dicho lo esperaba yo a él.
Con la venta de la quinta se había comprado un departamento de dos ambientes. Si, si, una casa con terreno en provincia equivale a un dos ambientes en zona sur de capital federal, tristísimo. Pero para cuando se realizó la transacción yo no contaba con los medios como para habitarlo, por lo que se alquiló.
Así lo vi alejarse dos años en el tiempo. Para ese entonces ya me incomodaba vivir con mi papá, pero él se ocupó que en ese tiempo mi malestar se acrecentara potencialmente mes a mes, día a día, hasta concluir que solo mi vieja lo banca aunque merece estar solo. Igual, debo decir, que a la distancia nada se ve tan grave y aprendí a quererlo nuevamente.
Durante ese tiempo me tuve que ocupar de convencer a mi viejo que me sirva de garante, de calmar el llanto de mi vieja causado por la ida de su única hija, manipular a mi abuela para que haga su parte con mi abuelo, pelear un precio bajo de alquiler y hacerles creer a todos cuan responsable y solvente era yo. Al menos lo suficiente como para vivir sola.
La parte más complicada fue convencer a mi abuelo, primero de que me alquile el depto y segundo del beneficio de un precio preferencial. Y cualquiera que me escuche (o me lea) dirá, que yegua, pobre viejo, un jubilado al que le reducen los ingresos por los caprichos de su nieta. Pero no es tan así.
Por un lado, mi departamento contrajo una pequeña deuda por gastos inmobiliarios que se pagó con gran parte de los alquileres, por lo que tampoco mientras estuvo alquilado pudo aumentar sus ingresos. Y por otro lado, el departamento es de mi viejo, heredado de sus padres en vida y siendo yo hija única, lo pongan como lo pongan, en definitiva es mío. Y si continúo con los motivos, para qué tener una propiedad si no podés ayudar a tu hija/nieta/familiar/loquesea?
Para enero del año pasado ya tenía el ok de todos, menos el del nono, pero de eso se encargaría mi abuela. Igual debía mantener todo bajo el manto de la discreción, ya que si mi tía (hermana de mi viejo) se enteraba pondría el grito en el cielo por más que ella nada tenía que ver con esta propiedad.
En teoría el contrato se vencía en julio, pero alquilarlo a una persona conocida nos obligo a ofrecerles quedarse el tiempo extra que deseen. Nunca me quejé y lo entendí plenamente, pero la fecha incierta hacía que mi maratón hacia la independencia tuviera una meta difusa.
Mientras tanto yo seguía averiguando precios de todo lo necesario para mi mudanza, pero estaba atada de pies y manos para la compra por la falta de lugar donde poner las cosas, básicamente.
Sólo me animé a comprar el escritorio para la computadora, ya que en la casa de mis viejos siempre había usado una mesa que en mi nuevo hogar serviría (y lo sigue haciendo) para comer. Como digo yo, es la mesa que está destinada a jamás cumplir su verdadera función: es una mesa de cocina, que sirvió de escritorio y ahora decora mi living.
Un fresco día de otoño me confirman que el escritorio estaba listo y podía pasar a buscarlo esa misma tarde. Negada a pagar un flete, le pedí a mi viejo que me lleve a buscarlo y que invente una forma de meterlo en el coche. Cuando estábamos en camino mi viejo me dice:
- Sabés donde esta la abuela en este momento?
- mmm no, dónde?
- En la inmobiliaria…
No terminó de decirme eso, cuando mi celular sonó. Era mi abuela:
- Ya tengo la llave!
Con el auto en marcha nos dirigimos a la casa de mi abuela, se subió al coche y partimos los tres llave en mano hacia el departamento.
(...)

Este es el escritorio en cuestión, y el porta CD´s haciendo juego.
Ese lugar estaba. Existía. Me esperaba. O mejor dicho lo esperaba yo a él.
Con la venta de la quinta se había comprado un departamento de dos ambientes. Si, si, una casa con terreno en provincia equivale a un dos ambientes en zona sur de capital federal, tristísimo. Pero para cuando se realizó la transacción yo no contaba con los medios como para habitarlo, por lo que se alquiló.
Así lo vi alejarse dos años en el tiempo. Para ese entonces ya me incomodaba vivir con mi papá, pero él se ocupó que en ese tiempo mi malestar se acrecentara potencialmente mes a mes, día a día, hasta concluir que solo mi vieja lo banca aunque merece estar solo. Igual, debo decir, que a la distancia nada se ve tan grave y aprendí a quererlo nuevamente.
Durante ese tiempo me tuve que ocupar de convencer a mi viejo que me sirva de garante, de calmar el llanto de mi vieja causado por la ida de su única hija, manipular a mi abuela para que haga su parte con mi abuelo, pelear un precio bajo de alquiler y hacerles creer a todos cuan responsable y solvente era yo. Al menos lo suficiente como para vivir sola.
La parte más complicada fue convencer a mi abuelo, primero de que me alquile el depto y segundo del beneficio de un precio preferencial. Y cualquiera que me escuche (o me lea) dirá, que yegua, pobre viejo, un jubilado al que le reducen los ingresos por los caprichos de su nieta. Pero no es tan así.
Por un lado, mi departamento contrajo una pequeña deuda por gastos inmobiliarios que se pagó con gran parte de los alquileres, por lo que tampoco mientras estuvo alquilado pudo aumentar sus ingresos. Y por otro lado, el departamento es de mi viejo, heredado de sus padres en vida y siendo yo hija única, lo pongan como lo pongan, en definitiva es mío. Y si continúo con los motivos, para qué tener una propiedad si no podés ayudar a tu hija/nieta/familiar/loquesea?
Para enero del año pasado ya tenía el ok de todos, menos el del nono, pero de eso se encargaría mi abuela. Igual debía mantener todo bajo el manto de la discreción, ya que si mi tía (hermana de mi viejo) se enteraba pondría el grito en el cielo por más que ella nada tenía que ver con esta propiedad.
En teoría el contrato se vencía en julio, pero alquilarlo a una persona conocida nos obligo a ofrecerles quedarse el tiempo extra que deseen. Nunca me quejé y lo entendí plenamente, pero la fecha incierta hacía que mi maratón hacia la independencia tuviera una meta difusa.
Mientras tanto yo seguía averiguando precios de todo lo necesario para mi mudanza, pero estaba atada de pies y manos para la compra por la falta de lugar donde poner las cosas, básicamente.
Sólo me animé a comprar el escritorio para la computadora, ya que en la casa de mis viejos siempre había usado una mesa que en mi nuevo hogar serviría (y lo sigue haciendo) para comer. Como digo yo, es la mesa que está destinada a jamás cumplir su verdadera función: es una mesa de cocina, que sirvió de escritorio y ahora decora mi living.
Un fresco día de otoño me confirman que el escritorio estaba listo y podía pasar a buscarlo esa misma tarde. Negada a pagar un flete, le pedí a mi viejo que me lleve a buscarlo y que invente una forma de meterlo en el coche. Cuando estábamos en camino mi viejo me dice:
- Sabés donde esta la abuela en este momento?
- mmm no, dónde?
- En la inmobiliaria…
No terminó de decirme eso, cuando mi celular sonó. Era mi abuela:
- Ya tengo la llave!
Con el auto en marcha nos dirigimos a la casa de mi abuela, se subió al coche y partimos los tres llave en mano hacia el departamento.
(...)

Este es el escritorio en cuestión, y el porta CD´s haciendo juego.
martes, 20 de abril de 2010
El paraíso
Dicho a los gritos por
Ela
Redacté una carta para ella de tres hojas frente y dorso en donde me despedía. Le agradecí los momentos compartidos, los que si no fuera por ella no hubiera vivido. Le dije cuanto significaba para mi, que siempre la recordaría y dejé una promesa de volvernos a ver en algún futuro. Le recordé algunas de nuestras aventuras juntas y todo lo aprendido gracias a ella. Rememoré el pasado y me di cuenta que ella siempre había estado ahí. Le mencioné que por su causa de vez en cuando dejaba de ser la señorita siempre limpita, arregladita, de punta en blanco, para revolcarme con ella, enchastrarme, y terminar agotada pero feliz. Y que las noches con ella eran mágicas pero los despertares, con sus ruidos diferentes a los acostumbrados me hacían sentir en el paraíso. Le dije que la amaba aunque era una obviedad, y le pedí disculpas por haberle sido infiel con una más joven y bonita, a la cual quise y disfruté, es verdad, pero no se comparaban. Lloré por ella y todavía la extraño.
Hace tres años que se fue. Que la dejamos ir.
Y se me hace un nudo en la garganta cuando pienso en ella.
Esa casa que compró mi familia, medio destartalada, que fue refaccionándose con el tiempo. A 30 minutos de casa, en zona sur, el paraíso. En donde se invirtieron más sueños que dinero. Que tenía aires de quinta, pero siempre dijimos que era de octava aunque para nosotros era de primera.
Todavía tengo mucho para agradecerle.
No solo me dejó treparme a sus árboles y me prestó su espacio para aprender a andar en bicicleta. Y pude crecer pisando pasto y comer los mejores asados del mundo semanalmente. No le bastó regalarme jazmines durante 20 primaveras y las más sabrosas ciruelas, los más dulces duraznos y esos higos que jamás volví a probar. No solo me enseñó a recuperarme de los raspones en las rodillas, a jugar con bombitas de agua, a armar la pelopincho. No se conformó con despertarme con olor a tierra mojada y el cantar de las chicharras. También, cuando se fue, me regaló estas cuatro paredes que hoy habito: mi departamento.
Me regaló un lugar donde plantar mis sueños junto con los de Charly, un punto de partida, nuestro lugar, donde formar una familia y donde somos felices.
Prometí volver a comprarla, algún día. No una parecida, la quiero a ella.
Hace tres años que se fue. Que la dejamos ir.
Y se me hace un nudo en la garganta cuando pienso en ella.
Esa casa que compró mi familia, medio destartalada, que fue refaccionándose con el tiempo. A 30 minutos de casa, en zona sur, el paraíso. En donde se invirtieron más sueños que dinero. Que tenía aires de quinta, pero siempre dijimos que era de octava aunque para nosotros era de primera.
Todavía tengo mucho para agradecerle.
No solo me dejó treparme a sus árboles y me prestó su espacio para aprender a andar en bicicleta. Y pude crecer pisando pasto y comer los mejores asados del mundo semanalmente. No le bastó regalarme jazmines durante 20 primaveras y las más sabrosas ciruelas, los más dulces duraznos y esos higos que jamás volví a probar. No solo me enseñó a recuperarme de los raspones en las rodillas, a jugar con bombitas de agua, a armar la pelopincho. No se conformó con despertarme con olor a tierra mojada y el cantar de las chicharras. También, cuando se fue, me regaló estas cuatro paredes que hoy habito: mi departamento.
Me regaló un lugar donde plantar mis sueños junto con los de Charly, un punto de partida, nuestro lugar, donde formar una familia y donde somos felices.
Prometí volver a comprarla, algún día. No una parecida, la quiero a ella.
sábado, 17 de abril de 2010
Es lo que hay…
Dicho a los gritos por
Ela
En los últimos días me contaron una historia (real y atroz) sobre dos amigos versus dos amigas en una noche muy hot y muy danger, que merecía publicarse en mi blog, pero no lo hice.
También pinché una cubierta, en plena lluvia, y mi compañerito junto con mi jefe me la cambiaron. Esperé a Charly para ir a la gomería, porque ni eso supe hacer. Al otro día debí efectuar mi pago con una chocotorta. Era digno de ser relatado, pero tampoco lo hice.
También agarré unos morlacos (pocos a decir verdad) y le cambié la onda a mi baño con cortina y alfombrita nueva. Con lo mucho que amo mi hogar podría haberme sentado a redactarlo pero mmm no, no se me cantó.
El jueves me hice la top y me fui a un desfile, en donde una amiga era una de las protagonistas. Vi pasar frente a mis ojos vestidos de novia y de noche caros y espantosos, fui insultada por una señora que pretendía que me corra porque no la dejaba ver mientras yo hacía malabares para sacar fotos, y descubrí que ser flaca y linda no son condiciones para ser modelo. De hecho, me replanteo ahora cuáles son las condiciones y no encuentro respuesta. Esto por supuesto podría haber significado un lindo descargo, pero tampoco me dieron ganas.
Qué me pasa?
Perdí la motivación?
Hoy este modelo80ypico está particularmente cansada. Pase el día fuera de mi casa, de aquí para allá y si estoy acá sentada es porque no da acostarme a esta hora un sábado y encima sola. Realmente tenía ganas de salir, pero el cuerpo no me respondió. Le dije a Charly que saliera con los pibes que yo me quedaba babeando la almohada.
Y me dije:
- Ela, hoy podrías actualizar tu blog…
- Mi qué? … Ah si, mi blog, ok dale.
Y salió esto. Sepan comprender.
También pinché una cubierta, en plena lluvia, y mi compañerito junto con mi jefe me la cambiaron. Esperé a Charly para ir a la gomería, porque ni eso supe hacer. Al otro día debí efectuar mi pago con una chocotorta. Era digno de ser relatado, pero tampoco lo hice.
También agarré unos morlacos (pocos a decir verdad) y le cambié la onda a mi baño con cortina y alfombrita nueva. Con lo mucho que amo mi hogar podría haberme sentado a redactarlo pero mmm no, no se me cantó.
El jueves me hice la top y me fui a un desfile, en donde una amiga era una de las protagonistas. Vi pasar frente a mis ojos vestidos de novia y de noche caros y espantosos, fui insultada por una señora que pretendía que me corra porque no la dejaba ver mientras yo hacía malabares para sacar fotos, y descubrí que ser flaca y linda no son condiciones para ser modelo. De hecho, me replanteo ahora cuáles son las condiciones y no encuentro respuesta. Esto por supuesto podría haber significado un lindo descargo, pero tampoco me dieron ganas.
Qué me pasa?
Perdí la motivación?
Hoy este modelo80ypico está particularmente cansada. Pase el día fuera de mi casa, de aquí para allá y si estoy acá sentada es porque no da acostarme a esta hora un sábado y encima sola. Realmente tenía ganas de salir, pero el cuerpo no me respondió. Le dije a Charly que saliera con los pibes que yo me quedaba babeando la almohada.
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Tito
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lunes, 12 de abril de 2010
Pequeñas satisfacciones de fin de semana
Dicho a los gritos por
Ela
• El olor a perfumito de lavadero de Tito y la satisfacción de descubrirlo blanco en vez de gris;
• Un jean de calce perfecto, en super liquidación, que vi a penas entré, me probé y en 5 minutos estaba afuera con mi nueva adquisición;
• Un vaso de cerveza siempre lleno rodeada de gente que no conocía, pasándola genial;
• El placard acomodado, con la ropa de invierno abajo, esperando que el frío me obligue a usarla;
• El abrazo de mi ahijada, su olor a bebé y sus carcajadas nuevas en el cumple de mi compadre.
• Un jean de calce perfecto, en super liquidación, que vi a penas entré, me probé y en 5 minutos estaba afuera con mi nueva adquisición;
• Un vaso de cerveza siempre lleno rodeada de gente que no conocía, pasándola genial;
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