Un modelo 80 y pico traumada por las luchas de una generación que nació hipper inflada, creció con Barbies importadas y cuando tuvo que salir a ganarse la vida ya no había más trabajo. Todavía no lo hay…
Igual estudié (y lo sigo haciendo, porque no hay diplomitas en mi pared todavía) y trabajé a la par para hacerme adulta y crecer, cosa que hoy catalogo como una boludés. Cultivé el cerebro en lugar del culo, el cual se agrandó gracias a la modernidad de los escritorios de oficina.
En el último año cambié los caprichos de mi padre (uno de mis traumas) por los caprichos de mi concubino (otro trauma, lógicamente). También adopté una perrita después de desearla por más de 20 años y lucho por llegar a fin de mes con un sueldo mísero.
Cuando hacía cosa de 3 meses que Charly y yo salíamos él escucho una conversación mía con una amiga. Ella lo llamo “tu novio” y Charly freakeó. Me hizo el típico planteo masculino de “no estamos yendo demasiado rápido?” y yo lo miré resignada y lo mande a cagar. A fin de cuentas, ya todos nuestros amigos sabían de lo nuestro y los fines de semana los repartíamos entre almuerzos en su casa y cenas en la mía. Luego de una extensa discusión le dije que no pensaba dar un paso atrás en la relación, que se avanzaba o se terminaba y siendo la cosas lo que eran sería lo más conveniente darla por finalizada. Y ahí freakeó peor! Que te quiero, que no te quiero perder, que entonces mejor formalicemos.
Charly:Hoy que día es? Empecemos a contar desde hoy… Ela:Ni en pedo, hoy es un día de mierda, hace 2 horas que estamos discutiendo C:Ok, entonces? E:Contabilicemos desde la primer salida que hicimos solos. Entonces, almanaque en mano, sacamos las cuentas y quedamos en el 1ero de febrero.
Cuando me independicé de mamá y papá habíamos acordado que yo viviría sola, pero Charly no cumplió demasiado con esa condición. Tuvimos un montón de discusiones porque él se pasaba el sábado en casa y a las 11 de la noche me decía “chau, salgo con los chicos”. Y yo lo quería matar. Flaco, avisame antes porque a esa hora es fija que me quedo de garpe en casa! Hasta que un día me cansé. Le dije que necesitaba mi espacio, que no podía ser que él viviera conmigo de lunes a viernes pero los fines de semana se convirtiera en un soltero con amigos. Le dije que prefería no tenerlo siempre instalado en casa y que antes de venir tendría que avisarme. Ahí volvió a freakear. Prometió amor eterno y que respetaría mis tiempos. Pero al otro día se apareció con 3 bolsos enormes con toda su ropa y la batería, diciendo “hablé con mi vieja, le dije que me mudaba con vos”. Y yo lo mire con una ceja en alto y guarde silencio.
Es por tal motivo que no tenemos una fecha concreta de convivencia, así que festejamos el día en que YO me mudé a este departamento.
El domingo se cumplirá el segundo aniversario de convivencia y además cumplimos 3 años y 3 meses de novios. Todo esto, por supuesto, dicho entre enormes comillas…
Estaba yo sentada en el bondi. Primer asiento individual desde la mitad para atrás. No se qué tiene que ver, pero ayuda a formar una imagen visual de lo que cuento... Decía, sentada yo [gracias a dios] en un viaje extenso, intentando dormir pero sin conseguirlo. Y ahí sube él. Divino. Estatura media, morocho, pelo corto y desprolijo, en contraposición con una barba perfectamente recortada. Delgado, sin ser flaco. Bermudas claras, zapatillas super limpias y una remera común, pero planchada. Gafas de sol, pero claras. Si, si, muy clara la tenía el pibe. Las negras son de verano, las marrones para otoño/invierno. Toda la onda, Me encantó! Sacó las monedas no sin antes depositar en el piso la bolsa que llevaba consigo, la cual yo no llegaba a ver por la muchedumbre. Saca boleto, toma su bolsa y avanza... Hacia mi. Que lindo, mirá, ubicate acá que hay un huequito, haceme compañía que recreo la vista durante el viaje. Y en su avance veo la bolsa. Qué digo bolsa? Mejor digo bolsas. Dos enormes, de las de "gracias por su compra", cuasi transparentes, que dejaban ver en su interior 4 paquetes de pañales cada una. Será de dios! - Pense. - Todos los buenos están ocupados! Me cache en die´
Al llegar la informaron que era tarde y nada podían hacer por ella. Guardó silencio, dio lástima y le indicaron que averiguara en aquel otro sector, pero probablemente debería volver otro día. Caminó por el largo pasillo buscando una cara amigable a la cual solicitar ayuda y cuando visualizó a dos hombres jóvenes no lo dudó. - Esperame acá, esto lo arreglo yo. Se acercó despacio, con voz suave y baja. Puso modo “niña tonta” on y explicó su situación. Dio resultado. No le importó ver hilos de baba caer por el mentón de esos hombres, ni que indagaran sobre sus planes para esa noche, ni que intentaran conseguir su número de teléfono. Su sonrisa pícara no se desdibujó en ningún momento, no dudó en realizar promesas falsas ni en mostrar simpatía al extremo. Tres minutos después su trámite estaba iniciado. Tenía medio objetivo cumplido. - Tenemos que esperar a ser llamados en aquella sala. Si es mujer entrás vos, si es hombre entro yo. La llamaron por nombre y apellido y tuvo que pasar sola. Se sentó en el escritorio de ese joven muchacho con hormonas revolucionadas y optó por soltarse el pelo y jugar con un mechón. Como él no entablaba demasiada conversación, se propuso encontrar un tema que justificara su seducción. Y lo encontró: cumplían años el mismo día. Conversaron unos minutos mientras llenaban formularios, sobre sus edades, sobre sus estudios, sobre los planes para esa víspera de sábado. Ella lo miraba a los ojos y él estaba extremadamente colorado, pero no la amedrentó. Hasta que un número de tres cifras le borró la sonrisa. - Por exceso de velocidad en autopista son $180. - Qué? Me estás cargando? - No. Pero bueno, solo por ser vos te la voy a perdonar. Ese jovencito despidiendo de a poco su adolescencia sucumbió a los encantos femeninos y hasta le dio su número de celular. Ella lo aceptó y lo saludo con un beso. No vaya a ser cosa que se arrepienta y la obligue a pagar la multa.
A veces, cuando converso conmigo, me pregunto por qué tengo tan presente las cosas que ustedes me escriben. Y mi otro yo me responde que cuando abrí el blog lo hice para escupir acá todo lo que picaba dentro de la panza, pero en su momento no tuve en cuenta que habría respuestas, acotaciones, comentarios. Son esos los que hoy me dejan pensando, y me ayudan a ordenar las ideas, a ver los puntos de vista ajenos, bien ajenos, porque ustedes no me conocen. O mejor dicho, conocen lo que yo les voy contando (y no es tan poco eh).
Es por esto que quería contarles, así, informalmente, de entre casa, qué fue lo que pasó el sábado y por qué me sentí tan mal que desemboco en una solitaria borrachera. (de paso, a los que les comente el blog el sábado por la noche, sepan disculpar)
Resulta que Charly y yo teníamos el cumple de una amiga en un boliche, cena+show+disco. Yo no salgo NUNCA porque a mis amigas no les gusta (y el tema de mis amistades ya lo desarrollé una vez acá y nada ha cambiado), así que estaba chocha. Pero a último momento viene mi novio y me dice que se había olvidado, pero le había dicho a un amigo que lo acompañaría a una fiesta, así que no iba al cumple de nuestra amiga. El tema era que no daba para ir sola al cumple, no conocía a nadie… convengamos que si estoy medio vieja para ir a bailar cuanto más para hacerlo con gente que no conozco… mmm no, no daba, no?
Ya estaba medio resignada, pero seguía enojada, así que el sábado tocamos el tema y discutimos. Y si, soy una maricona, pero lloré con mucha angustia, porque me sentí desplazada, no tenida en cuenta y Charly discutiendo es bastante hiriente. Por lo general, termina consolándome, pero no fue el caso. Se cambió, se perfumó y se fue.
La discusión se baso en que Charly cuando tiene ganas de hacer algo lo hace sin medir que en el medio hay alguien más, o sea yo, que termino padeciendo sus caprichos. Y realmente tenía ganas de salir, me había comprado ropa nueva y todo, pero a él no le importó. Su postura era que no lo dejo salir con sus amigos, y esto merece un capítulo a parte en realidad, porque soy una novia que deja y confía. Aunque convengamos que las cosas tienen que ser equilibradas. Puede salir con sus amigos? Si. Todos los fines de semana? No.
So, me quedé en casa. Respondiendo a los que me preguntaron por qué no organicé algún plan con amigas, creo que quedó claro que ellas no salen ni con una semana de organización, menos en un plan de último momento. Ni lo intenté!
Igual, el domingo me saqué las ganas. Charly se portó y me llevo a bailar. En la balanza, no sentí que haya compensado su actitud de la noche anterior, pero voy a reconocer que le puso mucha onda y se mostró cariñoso en demasía.
El problema de Charly es el mismo de todos los hombres: No saben estar en pareja. Y yo, con trabajo de hormiga a veces y a los gritos e histérica otras, le voy enseñando. Solo espero que aprenda antes que me canse.
Y ahí estaba yo, rodeada de amigos, distendida y divertida, hasta que me dicen: mira que viene tu ex, te lo digo para que estés prevenida. Y yo hice hombrito y seguí en la mía. Y apareció. Y su presencia me trajo un mal sabor de boca, entonces, en vez de gritar, me fui. Me fui por un pasillo, hasta que siento que me toca la espalda y me da media vuelta. Me mira fijo a los ojos, sujetándome de los hombros, y me arrima a su pecho para darme un abrazo. Y nos abrazamos, con firmeza. Y no sentí bronca, ni rencor; ni añoranza, ni nostalgia. Sentí cariño. Sentí ese uh mil años sin verte, que bueno que estés bien. Y nos apartamos. De nuevo a los ojos, sus palabras fueron claras: te quería pedir perdón por todo lo que te hice pasar. Y mi respuesta no se hizo esperar. No tengo nada que perdonarte. Las cosas fueron lo que tenían que ser. Si lo que pasó sirvió para conocer a Charly, amarlo tanto y ser tan feliz, definitivamente valió la pena.
Nos conocimos y le encanté, pero yo estaba en otra. Se la bancó. Se quedó a mi lado viéndome llorar por él. Me ayudó a recuperarme. Ofició de sex toy. Se la bancó. Me quiso en silencio. Me vio ir y venir. Rompió el silencio y encontró una negativa. Se la bancó. Dejó pasar el tiempo. Se dejó dominar, me dejó mandar, se apegó a mis reglas. A veces si, a veces no. A veces amante, a veces amigo. Se hizo fuerte y repitió lo que sentía. Me encontró vulnerable. Me pidió una oportunidad. Se la di. Y la estropeó.
Luego se arrepintió, pero no hubo marcha atrás. Nunca se excusó. Se la bancó. Y sigue, hasta el día del hoy, al asecho. Repite siempre que con una señal de mi parte viene al encuentro. Nunca más se la di. Lo quiero demasiado. Pero quiero diferente. Y se la banca.
- No insistas, no vamos a tener sexo hoy - Dale gorrrr, es un ratito nomás - No jodas, estoy viendo el partido - Pero todos los días hay partidos ahora!!! - No entendés que es el mundial? Hacete a la idea que durante el próximo mes va a haber escasez de sexo - Pero mira que lindo lo que me puse... olé el perfumito, olé, olé - Si si que lindo, correte que no veo - Y si te cocino algo rico? - ... - Y si limpio, barro y saco a la perra??? - No jodas más, ya te dije que no. Yo hago eso todos los días y vos no me garchas todas las noches. Si no te gusta el fútbol es tu problema querido, pero con el mundial no te metas. Anda, vestite y comprate una birras para el partido de mañana que vienen los pibes...
[Me parece que el día que pedí al cielo un hombre que no le guste el futbol me equivoqué]
Una chica que solía ser mi amiga cuando niñas y un noviecito que tuve en mi temprana adolescencia se casaron el año pasado. Mi reacción fue de sorpresa. Nada más. Qué otra reacción podría tener?
Hoy, por terceros, me entero que nació su primer hijo... Sabiendo que estaba embarazada, era esperable, algún día nacería. Ese tercero me pregunta al respecto (literal eh) QUE SE SIENTE?
Todavía le estoy dando vueltas a la pregunta…
Una persona enamorada hasta la médula, conviviendo hace un año, con fecha de casamiento y con varios años de vida útil de su útero: QUÉ SE SUPONE QUE DEBA SENTIRRRRR?
Una vez me dijeron, con mucho fundamento (aunque no lo recuerdo y no pienso ponerme a buscar en internet las bases teóricas de lo que voy a decir), que uno se repite en el tiempo. Que la vida es una suerte de espejo. Que se pasa por momentos de retroceso interior que lo hace a uno sentirse como cuando tenía la mitad de la edad que declara, y que lo mismo sucederá cuando se tenga el doble.
Cuando me contaron esto yo acusaba 22 primaveras y me sentía igual que a los 11. Estaba redescubriendo mi femineidad, luego de sentirme por mucho tiempo un varoncito más. Algo así me paso a los 11 años cuando mi cuerpo se revelo y me hizo “señorita”. Demás está decir que a los 22 la pase mejor que a los 11.
Pasé por un período de sutil maquillaje diario, compraba accesorios que combinen con la vestimenta del día, dejé un poco de lado las converse, cambié el corte de pelo, creía entender como manejar a los hombres, me sentía sexy y me di cuenta que era linda.
Ahora con 25 me cuesta ponerme a pensar que pasaba por mi cabeza a los 12 y medio, pero más me preocupa donde voy a estar a los 50.
Aparentemente para mis 5 décadas voy a anda por la vida sin maquillaje, odiando que la casa se ensucie al instante de terminar de limpiarla, aburrida de mis días todos iguales, con serios problemas financieros, con una profunda necesidad de cambios y re podrida de soportar el fluctuante humor de Charly.
Para que eso no pase, o se atenúe, debería amigarme con el rimel, aprender a vivir con los pelos de Mía, recibir un aumento de sueldo, emprender proyectos nuevos y especialmente tener una seria conversación con mi novio.
Así como estamos, no llegamos a Noviembre eh.
Ah, al final nunca lo conté. La noticia que guardaba es que en teoría (lo de “teoría” lo agrego yo) nos casamos en Noviembre.
Unos meses atrás decidimos con Charly que nos queríamos comprometer. Teníamos la idea de hacer una ceremonia religiosa, aunque íntima y privada, pero por el hecho de convivir nos fue rechazada. Entonces la fecha se pospuso para el día de nuestro segundo aniversario, dejando de lado lo religioso.
Llego el día pero sin alianzas ni nada en particular. La situación económica nos obligó a posponer esa compra, pero unos días después nos decidimos y las fuimos a encargar. Escogimos un par de bellísimas alianzas de plata y oro combinadas, y post consulta con el joyero, entendimos que el grabado consistía en nuestros nombres y una fecha. Estarían listas para el próximo sábado…
Esa semana se fue en peleas y discusiones, de esas que me hacen pensar si realmente vale la pena tanto esfuerzo y sacrificio en una relación en la que el diálogo es con una pared y nunca nos lleva a ningún lado. Pero llego el viernes, y esa noche teníamos un asadito familiar en lo de mis tíos.
Cuando nos fuimos ya eran cerca de la 1:30 AM, pero en vez de ir a casa a descansar Charly decidió llevarme a tomar algo. Estaba muerta de sueño pero me gustó la idea, así que partimos hacia Caballito, más precisamente a The Oldest.
Dos años y pico atrás, fue allí a donde fuimos en la primer salida que hicimos y dio real inicio a lo que hoy tenemos…
Nos ubicaron en unos sillones individuales muy cómodos, pedimos un par de cervezas y Charly, entre pucho y pucho se puso cariñoso. Empezó a llenarme de besos y a decirme cosas lindas, hasta que me preguntó:
-Te querés casar conmigo?
-Estás seguro? - Respondí yo, de una forma muy poco romántica.
-Si, nunca lo dudé…
Y sacó de su bolsillo una hermosa caja roja, la abrió ante mis asombrados ojos y se dejaron ver dos alianzas hermosas…
No lo podía creer. No entendía nada. En teoría estarían listas para el siguiente día y encima el comprobante de pago lo tenía yo en mi poder. Me dijo que las fue a buscar porque quería darme una sorpresa, no tenía sentido ir juntos. Me repitió la pregunta inicial y luego de un SI rotundo de mi parte, sacó del estuche el anillo más pequeño y lo puso en mi dedo. Luego yo hice lo mismo con el restante.
Y así fue como nos comprometimos.
Por supuesto que no hay fecha de matrimonio… La idea la venimos conversando hace rato y tenemos una vaga idea de cuando será aproximadamente, pero por ahora no hay nada concreto. Solo el hecho de que nos amamos y estamos dispuestos a pasar la vida juntos y eso ya es bastante.
Luego me contó, que durante el asado, sin que yo me diera cuenta, se acercó a mi papá y mostrándole las alianzas le pidió mi mano. Estimo por el resultado que le habrá dicho que si…
Me propuse hace unos días hacer un racconto de los hombres de mi historia para que el tiempo no borre los recuerdos. Este blog en algún momento dejará de existir, pero conservo los archivos y tengo la ilusión de algún día sentarme con mi hija a contarle mis desamores y experiencias.
Pero hoy me permito saltearme algunos años para contar como conocí al hombre que hoy me acompaña y tanto me ama. No tiene sentido hacerme la misteriosa y dejar el desenlace para el final, porque en cuanto escriba su nombre quienes me leen ya sabrán de quién hablo.
Corría el año 2005 y yo cursaba segundo año de la carrera. Me había hecho muy amiga de mis coequipers de trabajos prácticos, Fido y Dani. A Dani la había conocido el año anterior y nos estábamos haciendo amigas. Ella conocía a Fido y me propuso armar un grupo de trabajo con él, en teoría un chico responsable. Luego descubrí cuan equivocada estaba, pero no viene al caso.
Nos hicimos muy amigos y empezamos a salir juntos. Pobre Fido, siempre fue un aparato, pero saliendo con dos minas parecía un winner.
En las primeras salidas Fido llevó a un amigo suyo, Manuel. Dani moría por él, él por mi, sospechamos siempre que Fido le arrastraba el ala a Dani y yo estaba en la mía. La cuestión es que salíamos bastante y la pasábamos muy bien.
Un día organizamos en mi casa una picada con Fido, Dani y otro chico de la facu. Para cuando habían pasado las 2 de la madrugada partimos hacia Goa, con la esperanza de poder entrar. Fido había invitado a otros de sus amigos, que todavía no conocíamos, a que fueran al boliche esa noche.
Llegamos y cuando estábamos en la cola se acercan dos chicos que saludan a Fido con el afecto que genera entre amigos las copas de más. No estoy juzgando a nadie, nosotros también estábamos bastante copeteados. Fido nos los presenta como Rulo y Charly y en ese instante ya no supe cual era cual. No se parecían en nada, pero el alcohol no ayuda con los apodos.
No les di mucha bola para ser honesta. Estaba preocupada en tirarme indirectas con mi otro compañerito de la facu que partía la tierra y había onda hace rato, cuando Charly se me acerca y me pide un cigarrillo. Se lo di sin mayores atenciones y continué conversando con el otro chico.
Al rato llegamos a la puerta y me toco presenciar la primera que las máximas en las salidas con Fido: No nos dejaron pasar. Fido es un capítulo aparte, pero bue, tiene una cara de boludo importante y es flanco fácil para descarte de patovicas. Después de hacer su respectivo escándalo en la puerta de Goa lo convencimos para ir a Maluco.
Y en eso estábamos cuando Charly me pide el segundo cigarrillo. Ya con cara de pocos amigos se lo di. A los diez minutos pidió el tercero y mi respuesta no se hizo esperar: Comprate! En ese instante Charly y yo decidimos que no nos caíamos bien.
Dentro del boliche, borracho como estaba, encontró un sinfín de excusas para acercarse a mi haciéndose el canchero. Yo seguía histeriqueando con el otro chico, hasta que nos apartamos del grupo para darnos unos besos.
Días más tarde Fido me preguntó cómo me habían caído sus amigos. Rulo bien, pero Charly es un pesado, respondí. De todas formas seguimos encontrándonos en algunas salidas esporádicas, aunque no muchas, porque el cuarteto se conformaba con nosotros tres y Manu (da la casualidad, el mejor amigo de Charly).
En las primeras salidas que me crucé con Charly puse la mejor de las ondas, pero no había caso, nos detestábamos. Él se daba cuenta que mucho no me lo bancaba y tomaba eso a su favor para hacerme la vida imposible. Nunca dejo de tirarme onda, porque yo siempre le gusté, pero lo hacía más para irritarme que para conquistarme.
Llegó un momento en que dije basta. No soportaba más la presencia de Charly en mis salidas. Para ese entonces ya había pasado casi un año de conocerlo y lo veía más seguido, no solo a él sino a Rulo y los demás amigos que Fido nos había presentado.
En esas presentaciones conocí a Pinky. Ella había sido novia de uno de los amigos de Fido y por más que esa relación había terminado estaba todo bien entre ellos y habían formado una profunda amistad con Fido. Me cayó bien enseguida y fue mutuo, por lo que su casa (era la única que vivía sin sus padres por aquel entonces) resultaba el punto de encuentro para cualquier salida.
Pero como decía, estaba cansada de tener que soportar a Charly en mis salidas y tomé la postura más infantil de mi vida. Cada vez que me invitaban a alguna salida respondía: Si va Charly yo no voy! Bastante rompe huevos, lo se. Igual los chicos me engañaban, porque siempre me decían que no iba y a veces aparecía.
Así pasaron algunos meses más. Llegó diciembre de 2007 y después de revolear los libros de mi último final me instalé a disfrutar a mi amiga Pinky previo a mis vacaciones marplatenses y su viaje a España. Entonces, como quien no quiere la cosa, a la noche caían los pibes y entre ellos estaba siempre Charly.
Hacía un par de meses que no lo veía porque me había puesto firme en no salir con ellos si él iba, pero las cosas en la casa de mi amiga se dieron de tal forma que empezamos a conversar más y me di cuenta que no era el idiota que yo creía.
Me contó dónde estaba laburando (hasta ese entonces para mi era un vago de mierda), qué estudiaba (upa, que carrera jodida, y yo que pensaba que le faltaban jugadores) y así un montón de cosas que hicieron cambiar mi visión respecto a su persona y me empezó a caer bien. Y hubo un detalle más, ya no estaba en pose de levante cancherito ni tampoco seguía haciéndome la vida imposible. Éramos como dos amigos, me trataba igual a cualquiera de las otras chicas. Y así las tensiones, de pelea y seducción, disminuyeron y relajaron la cosa.
Para fines de diciembre Pinky y yo nos fuimos de vacaciones cada una por su lado, pero al volver retomamos las juntadas semanales en su depto. Los chicos también venían, y en parte resultaba extraño, porque no solíamos verlos tan seguido. Siempre venía Charly con algún otro. Hasta que un día vino solo y sus intenciones ya eran evidentes. Él vivía a pocas cuadras de la casa de Pinky, pero se desviaba para pasarme a buscar con la moto y por supuesto después me llevaba de vuelta a mi casa. Así nos vimos por diez días prácticamente a diario, siempre con la excusa de ir a lo de Pinky.
Una tarde manda un mail general avisando de una reunión en la casa de otro chico amigo suyo que yo todavía no conocía. No se en qué momento bajé la guardia y sentía esas ganas inmensas de verlo a Charly todos los días, aunque no lo reconocía. La única tarada que respondió el mail al instante fui yo. Daleeee, vamos! Y nadie más que Charly respondió.
Más tarde supe que Pinky tenía planes con su chico, su hermana tampoco iba y menos que menos Dani. Ni siquiera tenía la certeza que fuera a ir Fido. Entonces dudé, pero terminé aceptando y Charly me pasó a buscar y fuimos.
A varios de los chicos que estaban esa noche yo los conocía, pero nunca nos habíamos visto sin Pinky y/o Fido de por medio, así que la situación era extraña. Más que extraña era evidente que entre Charly y yo había onda. Esa madrugada Charly partía a la costa con Manu, entonces me dije para mis adentros: no será mi novio, pero cornuda conciente tampoco quiero ser. Hoy no pasa nada.
Cuando se hicieron las 3 de la mañana le pedí que me acompañe a tomar un taxi y justo cuando me estaba subiendo al mismo tuve que esquivarle el beso que quiso darme. Me moría de ganas, pero todavía tenía la barrera de lo que Charly había significado para mi por más de dos años: un pesado que cagaba mis salidas.
Una semana más tarde estaba de vuelta en Buenos Aires y arreglamos las famosas reuniones en lo de Pinky. Ese lunes ya había demasiada tensión entre nosotros y cuando me llevaba de vuelta para mi casa el desenlace era evidente. Llegamos a la puerta, le di un beso en la mejilla y me agarró para que no me vaya. Me acercó a su cuerpo, todavía sobre la moto y me besó.
Me despedí con un pico y subí. Tenía la sensación de haber cagado las cosas. Habíamos formado un lindo grupo y andar a los besos con uno de ellos no estaba en mis planes. Pero ya era tarde. Charly me encantaba.
Nos vimos un par de veces más esa semana, siempre en el mismo punto de reunión. Hasta que me dijo de salir solos el viernes. Acepté. Fuimos a un bar por Caballito y pasamos la noche a pura charla, besos y mimos.
Nunca fui de tomar mucho, pero lo poco que tomo me afecta los sentidos al instante. Y al parecer también el juicio, porque cuando me dijo de ir a su casa acepté. Entramos tratando de hacer el menor ruido posible, porque su hermano dormía en el living, y fuimos a su cuarto. No pasó a mayores, pero fue bastante para una primera cita…
Desde esa noche que estamos juntos. Hoy, 1ero de febrero, se cumplen dos años. Unos meses después, cuando nos dimos cuenta que lo nuestro ya era un noviazgo con todas las letras, elegimos como fecha de festejo el día de nuestra primera salida juntos y solos.
En el medio pasaron un montón de cosas, entre ellas la convivencia que también se festeja los días 1ero y ya lleva 9 meses. Hoy debería ser el día de nuestro compromiso, tal como lo decidimos hace un par de meses, pero por cuestiones económicas no pudimos comprar los anillos así que lo pospusimos unos días. Y está en nuestros planes casarnos a fin de año, dato que muy pocos saben…
Ésta es la historia de cómo conocí al hombre más imperfecto del mundo, al que piensa diametralmente opuesto a mi, el que me vuelve loca cuando discutimos y no estamos de acuerdo, el hombre más terco del mundo. Ese hombre me ama como nunca nadie lo hizo y yo siento lo mismo por él. Ese hombre me complementa y me hace feliz a diario. Porque no importa el afán que traigan nuestros días, al final de los mismos siempre dormimos cucharita.
Si hoy se te ocurre leerme, mi amor. Sabe que te amo con toda mi alma. Que me haces muy feliz, y que quiero pasar mi vida entera a tu lado. Feliz aniversario.
Llegué a mi casa y lo encontré preocupado, triste. Volvió a pedirme perdón, vaya una a recordar por qué y a repetirme sus eternas promesas de cambios, que me amaba, que no podía vivir sin mi y que no me quería perder.
Los años juntos pesaban. No recuerdo si realmente yo lo amaba todavía, pero lo perdoné, creyendo una vez más en sus promesas y esperanzada por el cambio. Cuando todavía estaba en el secundario y discutíamos por su actitud tan pasiva ante la vida yo le decía que se cuide, porque cuando empezara la carrera conocería gente nueva y podía llegar a llamarme la atención algo diferente. Que profética… Pero mejor no me adelanto…
En resumen, ante su llanto y su insistencia lo perdoné y seguimos algunos meses más.
Para cuando estaba promediando el invierno en la casa de sus padres comenzaron las refacciones, entonces Juan le cedió su cuarto a las hermanas y se instaló en mi casa. No molestaba demasiado, se iba temprano a laburar a la mañana, después a la facultad y yo hacía lo mismo. Después me pasaba a buscar por la facu y volvíamos juntos a mi casa. Esto habrá durado cosa de mes y medio y ahí salieron a flote nuevamente los problemas.
Un día lo note frío. Y al siguiente también. Y las cosas comenzaron a estar realmente mal. Recuerdo que tuvimos una discusión una noche de viernes y él no tomó su postura habitual de calmar las aguas y pedirme perdón. Agarró sus cosas y amagó a irse. Llorando le pedí que no lo haga y me costó convencerlo pero se quedó.
Al otro día yo rendía un examen por la mañana y me acompañó. Estaba hecho un témpano, casi no me hablaba y cuando lo hacía le faltaba cariño a sus palabras. Algo no andaba del todo bien…
Nosotros éramos de las parejas que están todo el tiempo juntos, pero a partir de ese día las cosas cambiaron. Una noche se fue a comer a lo de su abuelo y volvió de madrugada, otro día se levantó super temprano para ir al gimnasio, y así pasaron cuarto o cinco días en los que casi no nos vimos. Entonces pensé que tenía que hacer algo, porque lo estaba perdiendo. Solo se me ocurrió hacer lo que siempre me había resultado: amenazar con dejarlo.
El jueves siguiente en vez de ir a buscarme a la facultad Juan lo hizo mi viejo. Cuando me subí al coche le pregunté si Juan estaba en casa. Me dijo que no. Que había ido a buscar sus cosas y dejó dicho que volvía cuando yo llegara para hablar conmigo.
Se me vino el mundo abajo. Llegué a mi casa y atosigué a preguntas a mis padres, pero no sabían más que lo que ya me habían dicho. Cenamos, o es una forma de decir, porque tenía un nudo en el estomago que no me dejó pasar bocado.
Al rato llegó Juan. Nos quedamos solos en la cocina. Me saludó con un beso en la boca y me preguntó si mis viejos me habían dicho que él se había llevado sus cosas. Le dije que si y le pregunté por qué.
- Porque necesito un tiempo, tengo dudas…
- Dudas de qué? No me querés más?
- Si te quiero, pero creo que necesitamos un tiempo separados.
- Pero qué es un tiempo? Sabés que nunca creí en los tiempos. Es realmente un tiempo o es definitivo?
- No lo se…
Y ahí se me empezaron a caer las lágrimas.
- Bueno me voy - Me dice
- No, no te vayas así, no me podés dejar así con todas estas dudas…
- Me tengo que ir, ya me llevé mis cosas
- La compu también? – Pregunté, ya que unos meses atrás me había regalado una.
- No, la compu fue un regalo.
- Está bien, me vas a llamar?
- Si, pero necesito unos días.
Yo seguía llorando. Se acercó, me dio un beso, nos abrazamos y se fue.
Esa fue prácticamente la última vez que lo vi, porque las demás no cuentan. Lo llame unos días después y no me atendía, entonces probé al teléfono del trabajo y me volvió a decir que necesitaba tiempo. Nunca me llamó.
Días después supe que había conocido a una morocha de ojos verdes, altísima y con tetas a estrenar. Nada de lo que tengo yo por supuesto. Ella era un clon femenino suyo. Juan en los últimos años se había vuelto muy obsesivo del cuerpo y la imagen, un metrosexual al 100%. Creo que llegó un momento en el que pensó que yo era muy poco para él.
Durante algunos meses supe de él por amigos en común, que aunque les pedía que no me cuenten, al principio porque me hacía mal y luego porque no me interesaba, siempre se filtraba alguna información. Recibí amenazas de sus hermanas que nunca me quisieron demasiado y ahora eran libres de cagarme a trompadas. Supe que me andaban buscando por el barrio, por lo que opté por dejar el gym ya que ellas iban al mismo e incluso dejar de salir por las calles de mi zona. Gracias a dios a estas chicas no les gustaban los bares y boliches de Palermo que suelo frecuentar hasta el día de hoy.
También llegaron llamados del padre de Juan a mi papá, pidiendo una cita para conversar sobre mi. No tengo idea sobre qué, porque mi papá se negó e hizo bien. Incluso un día Juan me esperó a la salida de la facultad con 4 monos de su tamaño para “convencerme” que le devuelva la computadora. El día que se fue se la ofrecí y se la hubiera dado de mil amores, pero en ese entonces, después de ver su cobardía de nunca haberme llamado, de no haberme dicho la verdad, prefería tirarla por el balcón antes que devolvérsela. A parte él había sido claro, la compu era un regalo.
Del amor a las penas de amor, al odio, al rencor, a la indiferencia y al olvido hubo para mi un lapso de más o menos seis meses. Para una relación de tantos años dejé de amarlo relativamente pronto, pero seguí llorando más que nada por el desperdicio de tiempo empleado a su lado, hasta que se me pasó y entendí que no tenía la culpa de haber dejado de amarme, y solo era criticable la forma en la que manejó nuestro final.
Hoy no le guardo rencor y hasta me da un poco de pena que un flaco de 22 años (creo que tenía esa edad cuando nos separamos) no haya sabido manejar con altura una ruptura, pero analizándolo fríamente no me extraña, porque siempre fue igual en todos los aspectos de su vida.
Con los años supe otras cosas sobre él, pero como el blog es mío no vale la pena contarlas. Yo creo que todavía me odia y no entiendo por qué. Por mi parte le deseo que sea muy feliz con su familia y si me preguntan no le guardo ningún tipo de sentimiento y hasta recuerdo con cariño los buenos momentos vividos.
Si en ese momento me hubieran dicho que iba a pasar casi 5 años al lado de ese hombre hubiera salido corriendo despavorida por Avenida Caseros a estrolarme contra el primer bondi que pasara. Pero no fue así, las cosas no son así. Nadie te avisa por las cosas que vas a pasar, simplemente porque el destino no se conoce. Dice la mitología que el Cíclope, ser con un solo ojo, vivía malhumorado porque con ese único ojo podía ver su futuro y la angustia del porvenir era tan grande que no lo dejaba ser feliz en el presente. Entonces la vida es sabia y la clarividencia no existe, porque uno forja su propio destino y la incertidumbre es la que nos permite hacer planes sin certezas y disfrutar el presente.
Amé mucho a Juan. Pasamos por muchas cosas juntos, individualmente y como pareja. Crecimos estando juntos, pero no a la par y eso aniquila. Creo que llegó un momento en que estábamos juntos más por costumbre que por amor, entonces ahí es cuestión que alguno se anime a dar un paso al costado, a ver más allá y a buscar nuevos rumbos.
El primer año de relación fue difícil. Juan era muy absorbente y yo siempre fui bastante poco demostrativa. Cuando nos pusimos de novios era pleno verano y lo tenía encima mío dándome besos y caricias y a mi eso me asfixiaba. Él me reclamaba que no le decía que lo quería, que nunca lo besaba lo suficiente. Me costó horrores abrirme a esa relación, no por él, que era un sol, sino porque era todo muy nuevo para mi y no sabía cómo actuar.
Los meses fueron pasando y las cosas entre nosotros se fueron acomodando. Mis salidas con amigas eran limitadas, pero a medida que mis padres le tomaron confianza me fueron dejando hacer otro tipo de salidas, que básicamente significaban volver más tarde. Siempre y cuando fuera con Juan.
Seguimos saliendo con su grupo, incluido mi primo. Fija que Ana también venía y hasta incluimos a sus amigas del colegio. Así dejé de ir a bailar a matinée… También hacíamos fiestas en la casa de Juan, donde inventábamos tragos, comíamos asado y el amanecer nos encontraba casi siempre alrededor de su viola cantando.
Para cuando hacia cosa de medio años que estábamos juntos le tocó demostrarme su amor acompañándome en el peor momento de mi vida. Mis viejos sufrieron un accidente espantoso. A mi papá no le pasó nada, pero mi vieja se batió cuerpo a cuerpo contra la parca durante varios días y estuvo internada otros tantos.
Sólo lo menciono como un hecho en donde el papel de Juan acompañándome fue crucial, lo demás no lo quiero recordar ahora. Todavía duele y no dejo de preguntarme que sería de mi vida si el final hubiera sido otro. No importa, todavía la tengo conmigo y cada día que pasa la amo más. En la adultez de los hijos la madre deja de corregir para empezar a acompañar y la mía lo hace como ninguna, es mi mejor amiga.
Volviendo a Juan, sin darnos cuenta los meses iban pasando y de a poco nos fuimos consolidando como pareja. Nos amábamos. Visto desde la óptica de una Ela con 25 años eso no era amor, pero para la Ela de 15 si lo era. Y para esa joven Ela era tan grande ese amor que decidió dar el gran paso que dan todas las adolescentes cuando se enamoran. Le regalé a Juan el privilegio de ser el primero, y él me pagó con la misma moneda. Estamos a mano.
La experiencia fue mejor de lo que las primeras de este tipo suelen ser. Sin entrar demasiado en detalles resumo diciendo que él también se puso nervioso y ante semejante problemón terminamos cagándonos de risa. Eso obtuvo como resultado olvidar los temores y antes de darnos cuenta el gran paso había sido dado.
Durante los años que pasamos juntos compartimos vacaciones, absolutamente todas desde nuestro inicio. Terminamos el colegio, escogimos carrera, empezamos la facultad, conseguimos los primeros trabajos. Hicimos nuevos amigos, nos separamos de algunos amigos viejos. Tuvimos momentos buenos y otros no tantos. Definitivamente entre nosotros no era todo color de rosas. y llegó un momento, que lo que antes me resultaba cómodo dejó de serlo. Me cansé de dirigir la relación a mi antojo, de ser la única con iniciativa, de llevarlo tan fácilmente de las narices, de gritar sola cuando discutíamos mientras él me daba la razón solo por no tener los huevos de plantarse firme en sus convicciones. Cuales? No lo se, no las tenía.
Un día, cuando ya llevábamos juntos algo más de 4 años, me di cuenta que no era feliz, que no me estaba haciendo feliz, que me había cansado de su dejadez, que su forma de ser sacaba lo peor de mi y vivía gritando como una histérica.
Justo estábamos en mi casa cuando empezó la discusión. No me pregunten sobre qué porque no tengo idea. Solo recuerdo que le dije esto así no va más, me cansé. Agarré las llaves y me fui. Él se quedó ahí. Le pedí que cuando volviera ya no estuviera porque no lo quería ver. No hizo otra cosa que llamarme al celular toda la tarde. Primero no lo atendía, pero cuando mi paseo por Plaza Serrano estaba llegando a su fin atendí uno de sus llamados. Me dijo que todavía estaba en mi casa, que lo perdone, que se iba a quedar ahí esperando que yo llegue para conversar.
Me bajé de la cama y caminé en punta de pies entre la mezcla de brazos y piernas que había desparramados sobre los colchones. Estaba completamente colorada y evité las miradas de todos. Llegué al lugar donde debía recostarme y lo hice, mirando al techo.
Me dijo tu amigo que venga para acá. Uno de los chicos preguntó con muy poco tacto si yo le gustaba a Juan y él respondió que si. Después me pregunto a mi y me reí, afirmando. Entonces, dense un beso. Yo no paraba de reírme, de nervios por supuesto. Entonces Juan me mira, se incorpora dejando su cara sobre la mía todavía en la almohada y me dice: Empezamos? Y me besó.
Es fácil 10 años después decir que fue un comienzo espantoso, que no hizo nada por conquistarme y que no es forma de decirle a alguien que le querés dar un beso, pero más vergonzoso es reconocer que en ese entonces pensé exactamente lo mismo. No fue un buen beso, estaba incomoda, no me podía mover, él tenia el control completo del beso en cuanto a intensidad y duración. Los primeros besos con alguien raramente son buenos… Gracias a Dios después mejoran.
Era evidente que mucho más en esa casa no podíamos estar. Todavía era relativamente temprano, pero calculo que ya había pasado la medianoche. Teníamos que buscar la forma de irnos a dormir todos enfrente, los chicos y nosotras, que no teníamos permiso. No recuerdo como convencimos a mi abuela y cruzamos todos con los colchones a dormir en la otra casa (es una forma de decir, por ese entonces era un terreno con una pileta y una cancha) a merced de los mosquitos.
Ana se acostó cerca de su acosador, yo a lado de Juan y los demás desparramados por ahí, aunque estábamos todos juntos. No tengo la menor idea que habrán hecho lo demás. Solo recuerdo que con Juan pasamos la noche conversando y dándonos besos. Mirando las estrellas en ese cielo despejado de verano me señalo Marte. Nunca antes lo había visto. Me regaló ese planeta y tiempo después me escribió una canción sobre esa noche y nuestra estrella.
Supongo que en algún momento, bien entrada la madrugada, nos habremos dormido. Nos despertó el sol bien temprano y de a poco fuimos organizándonos para ir a desayunar a la verdadera casa. Comimos algo, nos pusimos la malla y toalla en mano volvimos a cruzar al paraíso.
El sol del nuevo día me trajo incertidumbre. No sabía si debía comportarme igual que la noche anterior o hacer de cuenta que no pasó nada y dejar los hechos escondidos en la oscuridad. Tenía que mantenerme suficientemente cerca como para que recordara mi existencia, pero a prudente distancia por si decidía ignorarme todo el día.
La incertidumbre duro poco. En cuanto volvimos a estar solos, y por solos me refiero a lejos de la vista de mi abuela, volvió a besarme con igual intensidad que horas atrás.
A Juan nunca le gustó el futbol y como había llevado la guitarra pasamos el día cantando canciones de Calamaro, nadando en la pileta y fumando colillas de cigarrillo, las mismas que habíamos regado por el suelo el día anterior sin darnos cuenta que se nos acababan los puchos y no había plata para comprar más. Y aunque la hubiera habido, en provincia un domingo a la mañana lo único que podes conseguir es pan y diarios, ni en pedo un kiosco.
Al bajar el sol emprendimos la retirada. Mi abuela, obstinada como siempre, quería volver en colectivo, pero con Ana esgrimimos muy bueno argumentos, se ve, porque la convencimos de hacerlo en tren. Con mi abuela delante había que cuidarse del contacto con Juan. Una persona mayor no entiende de besos sin compromiso entre adolescentes y más cuando una de las partes es su nieta de 15 años.
Durante el viaje en tren concluimos que algo había que inventar para decirle a mi abuela y dejarla contenta. Lo pensamos todo el viaje con Ana, pero no sabía como decírselo a Juan, no podía acercarme demasiado a el. Mi abuela sabía que conocía a varios de los chicos, pero en teoría Juan y yo no nos conocíamos. El mejor nexo de contacto era mi primo, pero como había plantado cara de culo al vernos llegar a la quinta y aun más cuando Juan y yo nos besamos, no era de ayuda. Todo lo contrario, corría el riesgo de que le diga cualquier cosa a mi abuela o lo que es peor, que le diga la verdad: No hay nada entre ellos, solo se dieron unos besos.
En constitución nos tomamos el bondi, y eso significaba que me quedaban 10 minutos para inventar algo con respecto a Juan. Se me ocurrió decir que éramos novios desde hace unos días y dentro de una semana o diez días decirle a mi abuela que nos habíamos peleado. Eso justificaba mi accionar ese fin de semana y aplacaba la moral de mi abuela. Ahora me tocaba avisarle a Juan de mi plan…
Juan me encantaba, pero debo reconocer que en ese momento estaba mas preocupada en quedar bien ante los ojos de la chusma de mi abuela que en procurar que lo nuestro con Juan durase algo más que un mísero fin de semana.
Me acerco a la parte del bondi donde estaba Juan y le digo: - Le voy a decir a la vieji que somos novios hace cosa de una semana para que no me de clases de moral y dentro de unos días le digo que nos peleamos, si? - Esta bien, pero vos querés? Y mi cabeza pensó “obvio que quiero hacer eso, te lo estoy diciendo” y respondí: - Sí, quiero - Y ahí entendí, me estaba preguntando si en verdad quería ser su novia. Pensá rápido, pensá rápido y respondí: - Ah, Nooooo… - Tarada!!! Cómo le vas a decir que no? - Eh… si, no, si, no se, vos querés? - Y si, por algo te lo estoy preguntando… - Ah, ok, quedamos así.
Y volví a mi lugar, donde estaba Ana y le dije: - Ana, tengo novio.
Siempre me consideré una persona con buena memoria, pero por las dudas cuando Ana vuelva de las vacaciones voy a hablar con ella para que me ayude a recordar algunos detalles. Ella tiene la cualidad de recordar mis peores cosas, pero también las más graciosas y ridículas. Obviamente que yo recuerdo las suyas.
Nosotras pasamos la vida juntas. Somos amigas desde el día en que nací, hace 25 años. Ella tenía 10 meses y por ese entonces nuestros padres, que eran conocidos, habían empezado a forjar la amistad que los une hasta el día de hoy.
En algún momento de nuestros juegos infantiles prometimos ser amigas toda la vida y amadrinar a nuestro primer hijo, que debería ser nena y nacer más o menos para la misma época. Hasta ahora cumplimos con la parte de la amistad, yo soy madrina de su primera y única hija Jazmín (que tienen 3 meses) y ella será la madrina de mi hijo/a el día que lo tenga, pero no creo que podamos cumplir con los tiempos. Para eso debería estar embarazada, oh! No, por Dios! Por ahora no…
Volviendo a la adolescencia, cuando estaba en segundo año me reencontré con una amiga que no veía hacia un tiempo. Empezamos a frecuentarnos y así conocí a su hermano: Juan. Un día llegué a su casa y estaba tomando sol en la reposera, y cuando me dirigía a saludarlo se levantó y se tiró a la pileta. Me ignoró. Y eso es lo peor que un hombre puede hacerme.
Me encantó desde el primer momento que lo vi, pero él no me registraba. Claro, qué tiene para mirar en una rubiecita petiza un morocho, alto, de ojos verdes tres años mayor?
Por esas cosas del destino resultó ser parte del grupo de amigos de mi primo. Para cuando llego el verano mis tíos estaban construyendo su casa quinta y aunque ésta estaba en veremos, la pileta y la cancha de futbol estaban terminadas. Como estaba frente a la otra casa quinta familiar no había inconvenientes para ir, se podía pasar el día en la pileta y luego ir a dormir a la otra casa.
Un viernes supe que la pileta estaba terminada y arregle con Ana para ir a pasar el fin de semana, sin saber que por su lado mi primo estaba organizando lo mismo con sus amigos. Mi primo siempre fue especial en cuanto a compartir momentos y amistades, básicamente un egoísta, pero como me enteré del detalle de su presencia tarde, me hice la tonta y fuimos igual.
Nos despertamos temprano y nos tomamos el tren hacia zona sur. Caminamos la cuadras que separan la estación de las casa y cuando llegamos ahí estaba él. En realidad estaban todos, pero a mi solo me importaba Juan.
Pasamos el día al sol en la pileta. Yo tratando de llamar la atención de Juan pero con mis recién cumplidos 15 años todavía no había aprendido cómo. Ana por su parte se tuvo que bancar el acoso de otro de los chicos, pero qué no hace una por una amiga?
Al caer el sol nosotras debíamos cruzar a dormir en la casa terminada, mientras que los chicos habían organizado pasar la noche bajo las estrellas. Éramos dos mujeres entre seis hombres. Convencimos fácilmente a cinco de ellos de dormir todos juntos enfrente, pero mi primo encaprichado oponía resistencia. A él lo convencieron sus amigos.
Después de comer sacamos la mesa y tiramos todos los colchones uno al lado del otro en el living. Pobre mi abuela… Ella intentaba dormir en uno de los cuartos, pero 8 adolescentes a una pared de distancia no la dejaban.
Y yo estaba ahí, acostada en la única cama con Ana, pensando que si esa noche no pasaba nada con Juan, mis intentos de seducción habrían fracasado rotundamente. Estaba a punto de desistir cuando el acosador de Ana se me acerca y me dice: No me dejás acostarme acá? La miro a Ana, que ya estaba entregada y a decir verdad un poco le gustaba el flaco, y me dice que si. Cuando me estoy bajando, el flaco remata: Vos acostate allá, al lado de Juan…
Los traumas, al menos a mi, me generan ciertos interrogantes...
Como ser: • Ponerme lolas o luchar por conseguir corpiño talle -10? • Electrodos en el culo o asumir la celulitis? • Aprender a tratar a mi familia o cambiar el número de teléfono? • Aceptar a mi principe desteñido o buscar uno azul? • Tener hijos algún día o conservar la cintura? • Hacer lo que me gusta o aprender a hacer algo que de plata? • Subirme a los tacos o conseguir un novio petiso?