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jueves, 5 de mayo de 2011
Pesadilla
Literalmente lo sacudía como un trapo patas para abajo y al golpearle la cabeza se moría. Con todas las diferencias que tengo con él y las ganas de "matarlo" que surgen a diario, no puedo creer haber soñado eso. Me desperté llorando y abrecé fuerte a Charly. No pude cerrar los ojos por un lago rato. Todavía estoy angustiada. Y tengo algo de culpa, porque debería haberlo llamado hoy y no lo hice. Snif...
jueves, 6 de enero de 2011
Zapatitos, agua y pasto
Durante mi infancia, para esta fecha, mi papá me llevaba al parque a buscar pasto. Mi mamá disponía de un par de tuppers donde colocar dicho yuyo, con su respectiva agua y yo insistía en dejarles galletitas de postre.
Mis padres siempre tendieron a inculcarme más la creencia de los Reyes Magos que la de Papá Noel. Cuando al crecer les pregunté los motivos me explicaron que los Reyes Magos sí existieron, y sí les llevaron regalos a Jesús al nacer. Santa Claus, en cambio, era pura invención. Entonces, “la mentirita” de los regalos les parecía, y concuerdo, más sutil.
Los 5 de enero, al caer la noche, procuraba dejar bien a la vista los alimentos, si, pero aún más mis absolutamente todos pares de zapatos. No quedaba ni uno dentro del placard. Como si a más cantidad de zapatitos más cantidad (o mejor calidad) de regalos.
Mis viejos, que se levantaban a oscuras en medio de la noche para depositar los paquetes, me han confesado que solían tropezarse con mis zapatos regados por el living. Debían guardarse los insultos para sus adentros.
Yo creo que ampliaron el departamento y me concedieron una habitación cuando se cansaron de cosas como esta…
Un día como hoy, 20 años atrás, recibía mi primera bicicleta. Esa rosa y negra, con la cara de Minie Mouse en el frente. Esa tres rodados más grande que solo podía usar con rueditas. Esa que recién 3 o 4 años después, cuando me quedó oficialmente chica, pude usar para aprender lo que dicen que nunca se olvida.
Feliz día de Reyes para todos. Espero que les hayan traído lindos regalitos.
Yo dejé agua y pastito, pero Mía se levantó de madrugada con sed y el pasto lo usó para purgarse. Creo que debe ser por eso que no me dejaron nada. Y estoy analizando si el regalito del balcón es la purga de Mía o la venganza del camello…
martes, 11 de mayo de 2010
Home sweet home IV
Siempre me pasa que de los momentos más determinantes de mi vida recuerdo poco. Es como si lo que pasara ese o esos días se borrara fácilmente con el tiempo. Con poco tiempo… Me pasó con mi cumpleaños de 15, con lo acontecido el día del accidente de mi vieja (otro capítulo de mi vida del cual aun no me animo a hablar) y por supuesto con el día de mi mudanza.
Recuerdo los últimos mates de desayuno con mi vieja, ultimando detalles y cerrando cajas mientras esperaba a las chicas. Isa llego puntual, pero Lina estaba un poco retrasada. Con un mensaje se disculpó y dijo que iría directo al departamento.
Mis viejos, Isa y yo cargamos todos los bártulos que cupieron en el auto y partimos. Hicimos dos viajes y para cuando teníamos todo acá llegaron Lina y Charly, el segundo con una mala noticia: le habían robado la moto.
En el momento repartí puteadas a los 4 vientos, por el robo en si y por esa maldita noticia que cagaba mi día, pero Charly me dijo que no me preocupe y a fin de cuentas soy de las que creen que todo pasa por algo. Pensé que si robaron la moto fue porque era preferible no tenerla a lamentar algún accidente. Charly cree que es un pensamiento conformista, pero soy una persona de fe y así lo siento.
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El depto estaba lleno de cajas y con las chicas nos pusimos a vaciarlas y encontrarle un lugar a cada objeto. Ordenar lo mejor posible nos tomó toda la mañana, luego comimos unas pizzetas, limpiamos puertas, vidrios, pisos, alfombra. Charly mientras tanto se encargaba de enchufar la tele, conectar el home a la tele, conectar la compu con el monitor, y demás etcéteras masculinas.
A primera hora de la tarde dábamos por terminado el laburo grueso y las chicas se fueron, extenuadas. Nosotros nos dormimos una siesta con el sol que entraba por la ventana del cuarto. Estábamos tan cansados que no nos dieron las fuerzas para estrenar el sommier. Al menos en ese momento…
Cuando nos despertamos estaba cayendo el sol. Di unas vueltas por mi nueva casa reconociendo los espacios a penas ocupados, con pocos muebles, tan vacío, tan nuevo. Vía paredes e imaginaba colores. Blanco, quiero pintar de blanco. Tomaba medidas para los muebles que algún día tendría. Chary quiere un futón, pero yo prefiero un sillón blanco… Armé y desarmé mentalmente mis cubos de colores buscando formas prácticas en donde poner mis cosas, y decidí de que color repintarlos. Miré el ventanal del living imaginando cortinas y vi un poco más allá. Salí al balcón y me quedé mirando ese cielo que escondía de a poco al sol, pintado de violeta, rojo, naranja y amarillo y que me daba la bienvenida a mi nueva vida. Y me sentí feliz, de verdad…

Out of record:
Al otro día tuvimos que comprar una agujereadora porque mi padre nunca encontró la suya, para que Charly me coloque la alacena y haga varios agujeros por toda la casa. Tuve que pasar por lo de mis viejos a buscar algo para cambiarme, ya que a falta de placard no había mudado mi ropa. Después metí todo en 3 sabanas y lleve la ropa, prefería buscar entre ropa arrugada a volver a tener que ponerme la misma ropa usada el día anterior. El lunes la gente retomó su vida normal, pero yo seguía limpiando y acomodando cosas. Cuando llegó mi placard empezó el verdadero trabajo de meter semejante cantidad de ropa dentro suyo. Por suerte, cerca del mediodía, Cablevisión se dignó a aparecer, instalándome cable e internet, y pude por fin tirarme en la cama a comer porquerías y mirar la tele.
Con el tiempo mi casa fue tomando un poco más de forma. Mandamos a hacer cortinas, conseguimos una segunda tele, amoblamos del todo el cuarto y compramos un futón (si, ganó Charly, y si, todavía estoy a las puteadas). Recientemente compramos un juego de comedor y esta semana cambiaremos la alfombra del cuarto. Todo a pulmón, llorando los últimos 25 días del mes, pero se puede, se consigue. Cuesta? Eso seguro, porque la tarjeta de crédito no tiene cuotas de zapatos y carteras como solía tener, sino el aire acondicionado, la aspiradora y la compra del super. Pero créanme, una vez superado los primeros dos meses frustrados por no poder comprar ni una bombacha, la visión se aclara y vale la pena.
jueves, 6 de mayo de 2010
Home sweet home III
Ese viernes 24 de abril me fui a dormir después de hablar por teléfono con Charly con la satisfacción de saber que las noches bajo el techo paterno tenían los días contados.
El sábado llevé a Charly a conocer mi futura casa. Llevamos con nosotros desde la casa de mi vieja las cosas que pudimos soportar. Entre ellas la batería de cocina. Yo me tomé el colectivo llena de bultos y Charly llevó tres pavaditas en una mochila y fue en la moto. Esos también eran los últimos días de la moto entre nosotros, que en paz descanse…
Dimos unas vueltas por el barrio y descubrimos un Coto, donde compramos para hacer unas hamburguesas, su correspondiente pan, un salero, un aceite (para curar las ollas), una bebida bien fría y un tomate. Todo sumamente medido para desperdiciar lo menos posible, ya que todavía no teníamos heladera.
Almorzamos sentados en el piso, tomando de Sprite del pico y cuando quise lavar los platos tuve que salir a comprar una Scotch Brite y detergente. No había mucho más por hacer. Igualmente me tomé unos minutos para disfrutar toda la luz y todo el sol que invadía mi living. Me sentía plena. Me resistía a volver a mi casa, pero unos apuntes me gritaban desde mi cuarto de hija que vaya a estudiarlos urgente! Y fui.
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Quería mudarme lo antes posible, así que esa tarde agarré todos los presupuestos de sommier que había recolectado en los últimos dos meses y seleccioné dos (siempre hay que tener un plan b). Mi vieja se ofreció a comprarme el placard y esa misma tarde fuimos a averiguar el precio del que yo quería.
Tenía por delante una semana cortita, el viernes era feriado por el día del trabajador y había designado ese día para la mudanza.
Tendría que haber esperado unos días más. A la distancia lo entiendo así. Debería haber contratado a alguien que limpie en profundidad mientras estaba vacío y no hacerlo yo misma con todos los bártulos en el medio. Debería haber pintado también. Pero no me importaba nada. Quería huir con urgencia de mi papá, del malestar constante que sentía en esa casa, del dolor de panza y de las jaquecas. De su voz, sus gritos, su presencia.
Histérica pero inteligente, me ocupé de esos días esconder mi descontento, no vaya a ser cosa que no me quiera ayudar con la mudanza…
El domingo señamos el placard y quedaron en entregarlo al lunes siguiente, por lo que tuve que pedirme franco por mudanza y aproveché mis contactos para coordinar con cablevisión la instalación de cable e Internet para ese lunes.
La compra de la heladera fue una odisea. No es necesario mencionar que la que me gustaba realmente superaba las 4 lucas, y como eso siempre estuvo fuera de mi alcance no me quedó opción que escoger otra. Averiguar marcas y modelos lo había hecho con meses de anterioridad. Tardé, pero me decidí por una. Cuando fui a buscarla no había más. Elegí otra, pero tampoco. Ok, otra, mmm no, tampoco. Ese miércoles estaba a punto de colapsar y resignarme a vivir sin heladera por un tiempo (ni alcoholizada resignaba la mudanza, prefería comer yogurt con moho) pero me pegué el faltazo a la facultad y fui con Charly a Carrefour por novena vez.
Hora y media parados como dos postes esperando solo para que nos digan que no tenían, pero que nos demos una vueltita por la sucursal de Av. San Juan. Miramos la hora y eran 9 y media. Ma´si, vamos. Y fuimos.
Valió la pena que casi nos cierren la puerta en las narices, porque mágicamente habían recibido. Tarjeta va, tarjeta viene, garantía extendida, horario de entrega. Estaría en mi nueva cocina al otro día por la tarde.
Le tocó a mi suegra pasar la mañana del jueves esperando el sommier y de esta forma dejar asentado su primer y único favor hacia mi persona. Pero fui generosa, porque llevé la mesa con las sillas y un par de revistas de chimentos para que esté un poco más cómoda. Cuando terminó mi jornada laboral fui corriendo a saltar en mi cama nueva mientras esperaba llegada de la heladera…
Cerca de las 21 horas del jueves 30 de abril cerré la puerta de aquel departamento prácticamente vacío y volvería a abrirla al otro día para convertirlo en mi hogar.
(…)
viernes, 30 de abril de 2010
Home sweet home II
Recorrimos esas cuadras despacio y con balizas llevando el escritorio en el porta equipaje del auto. Estaba ansiosa, inquieta, quería llegar. Mi abuela estaba acelerada, como siempre y mi viejo con su mal humor natural. Ya era de noche y me dió pena saber que no podría verlo con luz de día.
Estacionamos y bajamos el escritorio. Todo parecía demorar más de lo normal. Insisto, estaba ansiosa. Cerrar el coche, abrir la puerta, esperar el ascensor, los segundos eran de chicle.
La cuadra me dio un poco de miedo. Ya estaba oscuro y a decir verdad mudarme sola, vivir sola, me daba miedo, pero me resultó bella, simple, casas bajas algunos duplex, bastante arbolada… El hall de entrada me pareció grande, limpio y moderno; había sido refaccionado recientemente.
Entramos al ascensor y marcamos el numero 3. Descubrí que solo había 8 pisos, vaya uno a saber por qué siempre supuse que eran más…
Al bajar del ascensor y encontrarme en el pasillo no supe para donde ir, por lo que seguí los pasos de mi abuela. Ella tiene mejor memoria y había estado ahí esa misma tarde. Al final del pasillo una puerta de madera decorada únicamente con una E de metal se presentaba ante mi como la apertura a una nueva vida.
No se como expresar lo que sentí cuando la puerta se abrió. Me hubiera gustado estar sola para disfrutar de ese momento de silencio conmigo misma, pero mi árbol genealógico me acompañaba. Del departamento recordaba poco, hacía 2 años que no lo veía. Me pareció más grande que el de mi imagen mental y supuse (y estuve en lo cierto) que era muy luminoso. Si no hubiera sido por el olor a perro que había, la imagen hubiera sido perfecta. Eso me devolvió un poco a la realidad, cerre la puerta tras de mi y me dedique a inspeccionarlo.
Lo recorrí completo.
Que amplio es el living pero el piso es feo, no me gusta. Voy a necesitar muchos muebles para llenarlo. Vos decís que el futón que vimos ira bien acá? Hay que medir… Mmm falta pintura, pero bueno, ahora no tengo un mango. Si, pa, poné el escritorio en aquel rincón, qué se yo dónde va a quedar, después pienso. A ver el balcón... Uy que lindo, y mira pa, tengo vista al jardín, que hermosos árboles! Y la cocina, que chiquita! Bue, comparada con la de mamá cualquiera es chica, no? Ah pero tiene lavadero, no me acordaba, che que grande que es!!! Mirá el baño vieji. Es simple, pero tiene todo lo necesario. Con un vanitory y una linda cortina estoy hecha. Esta será mi habitación, bah, es la única que hay… Ah viene de esta alfombra el olor a perro, voy a tener que lavarla. Si abuela, algún día cambiaré todo el piso pero por ahora me conformo con lavarla. Así que tenían un perro viejito? Pobrecito. Yo también voy a tener uno… Tengo que medir a ver si el placard que vimos entra bien, ah vos mediste ya? Joya. Que buen ventanal, necesita cortinas hasta el piso. Blancas, abuela, en el cuarto todo blanco! Cómo, ya nos vamos? Un rato más… Vayan, yo me quedo. Uh bueno, bueno, ahí voy, pero dejame las llaves que mañana a primera hora estoy acá.
(…)
jueves, 29 de abril de 2010
Home Sweet Home I
Ese lugar estaba. Existía. Me esperaba. O mejor dicho lo esperaba yo a él.
Con la venta de la quinta se había comprado un departamento de dos ambientes. Si, si, una casa con terreno en provincia equivale a un dos ambientes en zona sur de capital federal, tristísimo. Pero para cuando se realizó la transacción yo no contaba con los medios como para habitarlo, por lo que se alquiló.
Así lo vi alejarse dos años en el tiempo. Para ese entonces ya me incomodaba vivir con mi papá, pero él se ocupó que en ese tiempo mi malestar se acrecentara potencialmente mes a mes, día a día, hasta concluir que solo mi vieja lo banca aunque merece estar solo. Igual, debo decir, que a la distancia nada se ve tan grave y aprendí a quererlo nuevamente.
Durante ese tiempo me tuve que ocupar de convencer a mi viejo que me sirva de garante, de calmar el llanto de mi vieja causado por la ida de su única hija, manipular a mi abuela para que haga su parte con mi abuelo, pelear un precio bajo de alquiler y hacerles creer a todos cuan responsable y solvente era yo. Al menos lo suficiente como para vivir sola.
La parte más complicada fue convencer a mi abuelo, primero de que me alquile el depto y segundo del beneficio de un precio preferencial. Y cualquiera que me escuche (o me lea) dirá, que yegua, pobre viejo, un jubilado al que le reducen los ingresos por los caprichos de su nieta. Pero no es tan así.
Por un lado, mi departamento contrajo una pequeña deuda por gastos inmobiliarios que se pagó con gran parte de los alquileres, por lo que tampoco mientras estuvo alquilado pudo aumentar sus ingresos. Y por otro lado, el departamento es de mi viejo, heredado de sus padres en vida y siendo yo hija única, lo pongan como lo pongan, en definitiva es mío. Y si continúo con los motivos, para qué tener una propiedad si no podés ayudar a tu hija/nieta/familiar/loquesea?
Para enero del año pasado ya tenía el ok de todos, menos el del nono, pero de eso se encargaría mi abuela. Igual debía mantener todo bajo el manto de la discreción, ya que si mi tía (hermana de mi viejo) se enteraba pondría el grito en el cielo por más que ella nada tenía que ver con esta propiedad.
En teoría el contrato se vencía en julio, pero alquilarlo a una persona conocida nos obligo a ofrecerles quedarse el tiempo extra que deseen. Nunca me quejé y lo entendí plenamente, pero la fecha incierta hacía que mi maratón hacia la independencia tuviera una meta difusa.
Mientras tanto yo seguía averiguando precios de todo lo necesario para mi mudanza, pero estaba atada de pies y manos para la compra por la falta de lugar donde poner las cosas, básicamente.
Sólo me animé a comprar el escritorio para la computadora, ya que en la casa de mis viejos siempre había usado una mesa que en mi nuevo hogar serviría (y lo sigue haciendo) para comer. Como digo yo, es la mesa que está destinada a jamás cumplir su verdadera función: es una mesa de cocina, que sirvió de escritorio y ahora decora mi living.
Un fresco día de otoño me confirman que el escritorio estaba listo y podía pasar a buscarlo esa misma tarde. Negada a pagar un flete, le pedí a mi viejo que me lleve a buscarlo y que invente una forma de meterlo en el coche. Cuando estábamos en camino mi viejo me dice:
- Sabés donde esta la abuela en este momento?
- mmm no, dónde?
- En la inmobiliaria…
No terminó de decirme eso, cuando mi celular sonó. Era mi abuela:
- Ya tengo la llave!
Con el auto en marcha nos dirigimos a la casa de mi abuela, se subió al coche y partimos los tres llave en mano hacia el departamento.
(...)

Este es el escritorio en cuestión, y el porta CD´s haciendo juego.
martes, 30 de marzo de 2010
Pies Descalzos
El almanaque, aunque no el termómetro, me dice que estamos en otoño.
Yo detesto el frío. Me pone de mal humor, me dan calambres y contracturas, me visto como una cebolla y tirito de chuchos constantemente. Pero como en el yin yang, todo lo malo tiene algo de bueno y el yin de mi otoño-invierno son los zapatos.
Las botas caña alta, media y baja, las botinetas, los zapatos, los stillettos, las chatitas; con taco y sin taco, de cuero, de nobuk, de gamuza, de charol, y miles de etcéteras. Las vidrieras se llenan de cosas preciosas (mucho más lindas que en verano) y a mi se me cae la baba en cuanta vitrina me muestre la nueva colección.
Por lo general me cago en que todavía haga calor y empiezo a comprar. Arranco la temporada con dos pares, uno del color de la temporada y otro bajo y sin taco, negro o marrón, para andar todos los días. Cuando vamos llegando a agosto, me compro algún otro par que se este liquidando. Ya se que tres pares no es demasiado, pero recuerden que siempre fui una personita de recursos económicos limitados.
Cuál es el problema ahora? Cuál es el trauma del día?
Que mi presupuesto limitado acaba de recategorizarse en nulo.
Estoy conteniéndome, atándome a un árbol, autoabofeteandome para no ir por Santa Fe a chusmear, porque para mi mirar es imposible y siempre termino sacando la Visa. Eso, con las cuotas de mi aspiradora, unos jeans de Charly y el aire acondicionado implicaría que la señorita vendedora me rechace el plástico y pase el verano de mi vida. Que ironía, en pleno otoño…
Lo peor es que ahora todo lo veo en su versión zapatos. Por ejemplo, en este momento Tito esta en el taller. Son 350, me dijo mi padre, y automáticamente pensé que bien podrían ser mis botas negras de uso diario (las cuales tengo que comprar si o si porque regale las del año pasado). Ayer en la reunión de consorcio hablaban de aumentar las expensas y yo me despedía mentalmente de esas hermosas botinetas verdes vi en la Shop.
Encima la gente tiene el tupé de decirme que tengo un montón de zapatos! Vení para acá, escuchame una cosita, te voy a explicar, a) no tengo ningún montón, montón tendrá Madonna, b) regalo zapatos permanentemente, soy una chica solidaria y desprendida, c) lo que pasa de moda no se stockea, hacé de cuenta que no existe, si todavía lo tengo es porque me salió un ojo de la cara y tengo la esperanza que la moda vuelva y d) justo justito ese color que quiero no lo tengo, okey?
Uff, me descargue!
Pero no me siento mejor por eso, no se crean. Ahora mismo, mientras tipeo con mis pies descalzos sobre el puff blanco, los veo tan pequeños, tan desprotegidos, tan desnudos… Y yo sin poder hacer nada por ellos.
Está por empezar el invierno y al parecer voy a enfrentarme al mismo sin el único incentivo capaz de motivarme a vestirme en las mañanas. Estoy condenada a pasar por la estación más cruel de año, la que me obliga a andar doblada de frío y con la cabeza agacha, sin siquiera algo bello cerca del suelo a donde dirigir mi mirada.
Snif, se me pianta un lagrimón, carajo!
lunes, 1 de marzo de 2010
Una de cal, una de arena
Pero vamos a nivelar un poco el universo, con una de cal y una de arena.
Me chocaron el coche.
Mía ya no duerme más en mi cama.
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Ambas cosas fueron efecto de nuestra decisión de irnos unos días a la costa:
Salimos con lluvia torrencial que nos impidió llegar más lejos que a Caballito, que nos hizo desviar y nos cruzó en el camino con el señor desdentado dueño de la F100 que lastimó a Tito, y nos obligó a volver al hogar y emprender viaje al día siguiente.
De ésta misma decisión se decantó dejar a Mía con mis viejos, a quienes aparentemente obedece más que a nosotros y supieron quitarle la costumbre de dormir en la cama.
martes, 16 de febrero de 2010
Estado civil
Unos meses atrás decidimos con Charly que nos queríamos comprometer. Teníamos la idea de hacer una ceremonia religiosa, aunque íntima y privada, pero por el hecho de convivir nos fue rechazada. Entonces la fecha se pospuso para el día de nuestro segundo aniversario, dejando de lado lo religioso.
Llego el día pero sin alianzas ni nada en particular. La situación económica nos obligó a posponer esa compra, pero unos días después nos decidimos y las fuimos a encargar. Escogimos un par de bellísimas alianzas de plata y oro combinadas, y post consulta con el joyero, entendimos que el grabado consistía en nuestros nombres y una fecha. Estarían listas para el próximo sábado…
Esa semana se fue en peleas y discusiones, de esas que me hacen pensar si realmente vale la pena tanto esfuerzo y sacrificio en una relación en la que el diálogo es con una pared y nunca nos lleva a ningún lado. Pero llego el viernes, y esa noche teníamos un asadito familiar en lo de mis tíos.
Cuando nos fuimos ya eran cerca de la 1:30 AM, pero en vez de ir a casa a descansar Charly decidió llevarme a tomar algo. Estaba muerta de sueño pero me gustó la idea, así que partimos hacia Caballito, más precisamente a The Oldest.
Dos años y pico atrás, fue allí a donde fuimos en la primer salida que hicimos y dio real inicio a lo que hoy tenemos…
Nos ubicaron en unos sillones individuales muy cómodos, pedimos un par de cervezas y Charly, entre pucho y pucho se puso cariñoso. Empezó a llenarme de besos y a decirme cosas lindas, hasta que me preguntó:
- Te querés casar conmigo?
- Estás seguro? - Respondí yo, de una forma muy poco romántica.
- Si, nunca lo dudé…
Y sacó de su bolsillo una hermosa caja roja, la abrió ante mis asombrados ojos y se dejaron ver dos alianzas hermosas…
No lo podía creer. No entendía nada. En teoría estarían listas para el siguiente día y encima el comprobante de pago lo tenía yo en mi poder. Me dijo que las fue a buscar porque quería darme una sorpresa, no tenía sentido ir juntos. Me repitió la pregunta inicial y luego de un SI rotundo de mi parte, sacó del estuche el anillo más pequeño y lo puso en mi dedo. Luego yo hice lo mismo con el restante.
Y así fue como nos comprometimos.
Por supuesto que no hay fecha de matrimonio… La idea la venimos conversando hace rato y tenemos una vaga idea de cuando será aproximadamente, pero por ahora no hay nada concreto. Solo el hecho de que nos amamos y estamos dispuestos a pasar la vida juntos y eso ya es bastante.
Luego me contó, que durante el asado, sin que yo me diera cuenta, se acercó a mi papá y mostrándole las alianzas le pidió mi mano. Estimo por el resultado que le habrá dicho que si…
Y ahora nuestras manos visten de esta forma:
viernes, 22 de enero de 2010
Los Hombres de mi Historia: Mi primer amor se extinguió
Llegué a mi casa y lo encontré preocupado, triste. Volvió a pedirme perdón, vaya una a recordar por qué y a repetirme sus eternas promesas de cambios, que me amaba, que no podía vivir sin mi y que no me quería perder.
Los años juntos pesaban. No recuerdo si realmente yo lo amaba todavía, pero lo perdoné, creyendo una vez más en sus promesas y esperanzada por el cambio. Cuando todavía estaba en el secundario y discutíamos por su actitud tan pasiva ante la vida yo le decía que se cuide, porque cuando empezara la carrera conocería gente nueva y podía llegar a llamarme la atención algo diferente. Que profética… Pero mejor no me adelanto…
En resumen, ante su llanto y su insistencia lo perdoné y seguimos algunos meses más.
Para cuando estaba promediando el invierno en la casa de sus padres comenzaron las refacciones, entonces Juan le cedió su cuarto a las hermanas y se instaló en mi casa. No molestaba demasiado, se iba temprano a laburar a la mañana, después a la facultad y yo hacía lo mismo. Después me pasaba a buscar por la facu y volvíamos juntos a mi casa. Esto habrá durado cosa de mes y medio y ahí salieron a flote nuevamente los problemas.
Un día lo note frío. Y al siguiente también. Y las cosas comenzaron a estar realmente mal. Recuerdo que tuvimos una discusión una noche de viernes y él no tomó su postura habitual de calmar las aguas y pedirme perdón. Agarró sus cosas y amagó a irse. Llorando le pedí que no lo haga y me costó convencerlo pero se quedó.
Al otro día yo rendía un examen por la mañana y me acompañó. Estaba hecho un témpano, casi no me hablaba y cuando lo hacía le faltaba cariño a sus palabras. Algo no andaba del todo bien…
Nosotros éramos de las parejas que están todo el tiempo juntos, pero a partir de ese día las cosas cambiaron. Una noche se fue a comer a lo de su abuelo y volvió de madrugada, otro día se levantó super temprano para ir al gimnasio, y así pasaron cuarto o cinco días en los que casi no nos vimos. Entonces pensé que tenía que hacer algo, porque lo estaba perdiendo. Solo se me ocurrió hacer lo que siempre me había resultado: amenazar con dejarlo.
El jueves siguiente en vez de ir a buscarme a la facultad Juan lo hizo mi viejo. Cuando me subí al coche le pregunté si Juan estaba en casa. Me dijo que no. Que había ido a buscar sus cosas y dejó dicho que volvía cuando yo llegara para hablar conmigo.
Se me vino el mundo abajo. Llegué a mi casa y atosigué a preguntas a mis padres, pero no sabían más que lo que ya me habían dicho. Cenamos, o es una forma de decir, porque tenía un nudo en el estomago que no me dejó pasar bocado.
Al rato llegó Juan. Nos quedamos solos en la cocina. Me saludó con un beso en la boca y me preguntó si mis viejos me habían dicho que él se había llevado sus cosas. Le dije que si y le pregunté por qué.
- Porque necesito un tiempo, tengo dudas…
- Dudas de qué? No me querés más?
- Si te quiero, pero creo que necesitamos un tiempo separados.
- Pero qué es un tiempo? Sabés que nunca creí en los tiempos. Es realmente un tiempo o es definitivo?
- No lo se…
Y ahí se me empezaron a caer las lágrimas.
- Bueno me voy - Me dice
- No, no te vayas así, no me podés dejar así con todas estas dudas…
- Me tengo que ir, ya me llevé mis cosas
- La compu también? – Pregunté, ya que unos meses atrás me había regalado una.
- No, la compu fue un regalo.
- Está bien, me vas a llamar?
- Si, pero necesito unos días.
Yo seguía llorando. Se acercó, me dio un beso, nos abrazamos y se fue.
Esa fue prácticamente la última vez que lo vi, porque las demás no cuentan. Lo llame unos días después y no me atendía, entonces probé al teléfono del trabajo y me volvió a decir que necesitaba tiempo. Nunca me llamó.
Días después supe que había conocido a una morocha de ojos verdes, altísima y con tetas a estrenar. Nada de lo que tengo yo por supuesto. Ella era un clon femenino suyo. Juan en los últimos años se había vuelto muy obsesivo del cuerpo y la imagen, un metrosexual al 100%. Creo que llegó un momento en el que pensó que yo era muy poco para él.
Durante algunos meses supe de él por amigos en común, que aunque les pedía que no me cuenten, al principio porque me hacía mal y luego porque no me interesaba, siempre se filtraba alguna información. Recibí amenazas de sus hermanas que nunca me quisieron demasiado y ahora eran libres de cagarme a trompadas. Supe que me andaban buscando por el barrio, por lo que opté por dejar el gym ya que ellas iban al mismo e incluso dejar de salir por las calles de mi zona. Gracias a dios a estas chicas no les gustaban los bares y boliches de Palermo que suelo frecuentar hasta el día de hoy.
También llegaron llamados del padre de Juan a mi papá, pidiendo una cita para conversar sobre mi. No tengo idea sobre qué, porque mi papá se negó e hizo bien. Incluso un día Juan me esperó a la salida de la facultad con 4 monos de su tamaño para “convencerme” que le devuelva la computadora. El día que se fue se la ofrecí y se la hubiera dado de mil amores, pero en ese entonces, después de ver su cobardía de nunca haberme llamado, de no haberme dicho la verdad, prefería tirarla por el balcón antes que devolvérsela. A parte él había sido claro, la compu era un regalo.
Del amor a las penas de amor, al odio, al rencor, a la indiferencia y al olvido hubo para mi un lapso de más o menos seis meses. Para una relación de tantos años dejé de amarlo relativamente pronto, pero seguí llorando más que nada por el desperdicio de tiempo empleado a su lado, hasta que se me pasó y entendí que no tenía la culpa de haber dejado de amarme, y solo era criticable la forma en la que manejó nuestro final.
Hoy no le guardo rencor y hasta me da un poco de pena que un flaco de 22 años (creo que tenía esa edad cuando nos separamos) no haya sabido manejar con altura una ruptura, pero analizándolo fríamente no me extraña, porque siempre fue igual en todos los aspectos de su vida.
Con los años supe otras cosas sobre él, pero como el blog es mío no vale la pena contarlas. Yo creo que todavía me odia y no entiendo por qué. Por mi parte le deseo que sea muy feliz con su familia y si me preguntan no le guardo ningún tipo de sentimiento y hasta recuerdo con cariño los buenos momentos vividos.
miércoles, 20 de enero de 2010
Los Hombres de mi Historia: Juan, mi primer amor (III)
Si en ese momento me hubieran dicho que iba a pasar casi 5 años al lado de ese hombre hubiera salido corriendo despavorida por Avenida Caseros a estrolarme contra el primer bondi que pasara. Pero no fue así, las cosas no son así. Nadie te avisa por las cosas que vas a pasar, simplemente porque el destino no se conoce. Dice la mitología que el Cíclope, ser con un solo ojo, vivía malhumorado porque con ese único ojo podía ver su futuro y la angustia del porvenir era tan grande que no lo dejaba ser feliz en el presente. Entonces la vida es sabia y la clarividencia no existe, porque uno forja su propio destino y la incertidumbre es la que nos permite hacer planes sin certezas y disfrutar el presente.
Amé mucho a Juan. Pasamos por muchas cosas juntos, individualmente y como pareja. Crecimos estando juntos, pero no a la par y eso aniquila. Creo que llegó un momento en que estábamos juntos más por costumbre que por amor, entonces ahí es cuestión que alguno se anime a dar un paso al costado, a ver más allá y a buscar nuevos rumbos.
El primer año de relación fue difícil. Juan era muy absorbente y yo siempre fui bastante poco demostrativa. Cuando nos pusimos de novios era pleno verano y lo tenía encima mío dándome besos y caricias y a mi eso me asfixiaba. Él me reclamaba que no le decía que lo quería, que nunca lo besaba lo suficiente. Me costó horrores abrirme a esa relación, no por él, que era un sol, sino porque era todo muy nuevo para mi y no sabía cómo actuar.
Los meses fueron pasando y las cosas entre nosotros se fueron acomodando. Mis salidas con amigas eran limitadas, pero a medida que mis padres le tomaron confianza me fueron dejando hacer otro tipo de salidas, que básicamente significaban volver más tarde. Siempre y cuando fuera con Juan.
Seguimos saliendo con su grupo, incluido mi primo. Fija que Ana también venía y hasta incluimos a sus amigas del colegio. Así dejé de ir a bailar a matinée… También hacíamos fiestas en la casa de Juan, donde inventábamos tragos, comíamos asado y el amanecer nos encontraba casi siempre alrededor de su viola cantando.
Para cuando hacia cosa de medio años que estábamos juntos le tocó demostrarme su amor acompañándome en el peor momento de mi vida. Mis viejos sufrieron un accidente espantoso. A mi papá no le pasó nada, pero mi vieja se batió cuerpo a cuerpo contra la parca durante varios días y estuvo internada otros tantos.
Sólo lo menciono como un hecho en donde el papel de Juan acompañándome fue crucial, lo demás no lo quiero recordar ahora. Todavía duele y no dejo de preguntarme que sería de mi vida si el final hubiera sido otro. No importa, todavía la tengo conmigo y cada día que pasa la amo más. En la adultez de los hijos la madre deja de corregir para empezar a acompañar y la mía lo hace como ninguna, es mi mejor amiga.
Volviendo a Juan, sin darnos cuenta los meses iban pasando y de a poco nos fuimos consolidando como pareja. Nos amábamos. Visto desde la óptica de una Ela con 25 años eso no era amor, pero para la Ela de 15 si lo era. Y para esa joven Ela era tan grande ese amor que decidió dar el gran paso que dan todas las adolescentes cuando se enamoran. Le regalé a Juan el privilegio de ser el primero, y él me pagó con la misma moneda. Estamos a mano.
La experiencia fue mejor de lo que las primeras de este tipo suelen ser. Sin entrar demasiado en detalles resumo diciendo que él también se puso nervioso y ante semejante problemón terminamos cagándonos de risa. Eso obtuvo como resultado olvidar los temores y antes de darnos cuenta el gran paso había sido dado.
Durante los años que pasamos juntos compartimos vacaciones, absolutamente todas desde nuestro inicio. Terminamos el colegio, escogimos carrera, empezamos la facultad, conseguimos los primeros trabajos. Hicimos nuevos amigos, nos separamos de algunos amigos viejos. Tuvimos momentos buenos y otros no tantos. Definitivamente entre nosotros no era todo color de rosas. y llegó un momento, que lo que antes me resultaba cómodo dejó de serlo. Me cansé de dirigir la relación a mi antojo, de ser la única con iniciativa, de llevarlo tan fácilmente de las narices, de gritar sola cuando discutíamos mientras él me daba la razón solo por no tener los huevos de plantarse firme en sus convicciones. Cuales? No lo se, no las tenía.
Un día, cuando ya llevábamos juntos algo más de 4 años, me di cuenta que no era feliz, que no me estaba haciendo feliz, que me había cansado de su dejadez, que su forma de ser sacaba lo peor de mi y vivía gritando como una histérica.
Justo estábamos en mi casa cuando empezó la discusión. No me pregunten sobre qué porque no tengo idea. Solo recuerdo que le dije esto así no va más, me cansé. Agarré las llaves y me fui. Él se quedó ahí. Le pedí que cuando volviera ya no estuviera porque no lo quería ver. No hizo otra cosa que llamarme al celular toda la tarde. Primero no lo atendía, pero cuando mi paseo por Plaza Serrano estaba llegando a su fin atendí uno de sus llamados. Me dijo que todavía estaba en mi casa, que lo perdone, que se iba a quedar ahí esperando que yo llegue para conversar.
viernes, 8 de enero de 2010
Relaciones familiares: Mi abuela (II)
(...)
A mi abuela se le acabaron las ganas. Lo dice ella, está cansada. Ella también tiene sus años y con mi papá tenemos miedo que se termine enfermando, por lo que de vez en cuando amenazamos al viejo con que si a mi abuela le pasa algo lo metemos en un geriátrico.
Por lo años a cuestas y la situación las malas características de su personalidad se acentuaron. En honor a la verdad, debo decir que es muy criticona. En especial conmigo. Y con su nuera, mi mamá, también.
Mi vieja es una santa que le banca todo. Hace más de 25 años que mi vieja tiene otra madre, una que la trata y acompaña de una forma que su madre biológica nunca supo hacer. Ellas se adoran.
Pero como decía, mi abuela critica todo. No es una persona negativa, pero sus frases empiezan siempre con un NO. No te escucha, no te deja hablar, no le gusta que la contradigan. Cuando algo no le gusta, o sea, el 95% de las cosas, lanza una onomatopeya que consta de una eme sostenida. Un largo mmmmm con gesto de asco. Debo decir que es bastante molesto, aunque yo también lo haga…
Esta abuela tan peculiar tiene también la particularidad de hacer comparaciones odiosas.
Para ella todo lo que le pase a cualquier ser humano que no sean mis viejos o yo está perfecto, es genial y único.
¿Sabias que fulanito, el nieto de mi amiga Chola, se recibió con honores de Sarlanga y está trabajando de jefe de sarlangas en Quecarajomeimporta S.A.?
(Ah si? Mirá vos que bueno… Yo en cambio soy una inepta, que terminé de carrera porque los planetas se alinearon pero no me recibí todavía así que soy “nadie” y mi laburo es un desastre, pero porque no doy para más, obviamente.)
Y todo lo que se refiera a mis tíos y/o primos es por decantación mejor que lo mío.
No sabes el departamento que se compro tu tío… Herrrmoso, el living es el doble que el tuyo.
(Claro, no vaya a ser cosa que sea la mitad… A parte eventualmente será para alguno de mis primos y ellos no pueden terminar en un hogar más pequeño que el mío bajo ningún punto de vista!)
Estos comentarios me molestan sobremanera y me traumaron durante mucho tiempo. Sentía que nada de lo que yo pudiera hacer llegaría a satisfacerla al punto de sentir orgullo por mi. Pero me equivocaba.
Por esas vueltas de la vida terminé escuchando más de una vez de boca de sus amigas cómo ella hablaba de mi, de lo bien que me iba en la carrera, de mis esfuerzos por estudiar y trabajar a la par, de la mala suerte que siempre he tenido a nivel laboral pero que aun así era una buena hija que ayudaba a sus padres económicamente, que nunca les llevé un disgusto, que tenía lindas amistades. Hablaba con orgullo de lo linda que soy, flaquita y chiquita, un clon de ella en su juventud. También contó con alegría cuando me independicé de mis padres y mi reciente adquisición, mi primer autito.
Ella es tres personas en una. Cuando esta sin mi, cuando estamos juntas y hay más personas y cuando estamos solas. La primera habla de mi con orgullo y satisfacción, la segunda es criticona y desgastante y a la tercera la amo por sobre todas las cosas, porque es además de mi abuela, mi amiga y compañera.
El tema es que la visión que tienen los que me acompañan en el camino de la vida es de la segunda, entonces cuesta entender que le banque todo. Charly no comprende cómo la dejo meterse “tanto” en mi vida, como discutimos y aun así la sigo llamando y le permito opinar. Él asume que lo hago porque debo sentir algún tipo de deuda con respecto al departamento (que es en cierta forma suyo) pero no pasa por ahí, ni por sus atenciones, ni nada relacionado a lo económico. La deuda que yo siento con ella es por la forma en la que me crió, cómo me acompañó siempre, cómo estuvo cada vez que la necesité. Ella no enseñó con palabras, sino con actos. Detesto cuando la gente me dice que soy igual a mi viejo, eso es mentira, soy una combinación de las dos mujeres más hermosas del mundo: mi abuela y mi vieja. Las cosas malas que tengo las habré sacado de otro lado…
Cambió pañales, dio mamaderas, hizo comidas, enseñó a viajar en colectivo, me llevó de compras, de paseo, de vacaciones, me apoyó en todos los momentos difíciles de mi vida, escuchó llantos, reproches, injusticias.
Hoy la que pasa un mal momento es ella. Cómo no estar a su lado? Cómo no apoyarla? Cómo no ajustarme a sus caprichos? No podría, ni ahora ni nunca, darle la espalda a esa mujer que caminaba adelante para guiarme, a mi lado para acompañarme y atrás para sostenerme. No por deuda, sino por amor.
Que los años no pasen tan rápido, por favor, no se que haría sin ella...


